Japón

Hoy paso el tiempo leyendo un haiku favorito, diciendo las pocas palabras una y otra vez.

Se siente como estar comiendo la misma perfecta, pequeña uva, una y otra vez.
Camino por la casa recitándolo y dejo sus letras caer a través del aire de cada habitación.

Me paro junto al gran silencio del piano y lo digo. Lo digo enfrente de una pintura del mar. Marco su ritmo sobre un estante vacío.
Me escucho diciéndolo, luego lo digo sin escuchar, luego lo escucho sin decirlo.
Y cuando el perro me mira, me arrodillo en el suelo y lo susurro en cada una de sus largas orejas blancas.

Es aquel que trata sobre la campana del templo de una tonelada con la polilla durmiendo en su superficie, y cada vez que lo digo, siento la agudísima presión de la polilla sobre la superficie de la campana de hierro.
Cuando lo digo en la ventana la campana es el mundo y yo soy la polilla descansando allí.

Cuando lo digo ante el espejo, yo soy la pesada campana y la polilla es la vida con sus alas de papel.
Y más tarde, cuando te lo digo en la oscuridad, tú eres la campana y yo soy la lengua de la campana, llamándote, y la polilla ha volado de su línea y se mueve como una bisagra en el aire sobre nuestra cama.

traducción: HM

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