La contracara de la crisis alimentaria global: el champán premium, de parabienes

La empresa distribuidora de Moët & Chandon, Veuve Clicquot, Krug y Dom Pérignon se está quedando sin stock de los mejores champanes, mientras los ricos gastan en bienes suntuarios –como por ejemplo Twitter- en una nueva era de decadencia que remite a los “locos años 20” del siglo pasado.

Desde que en la pospandemia se fueron normalizando los negocios, nunca se había registrado tamaña caída en las reservas de vinos y bebidas espirituosas. Las corridas para chupar bebidas selectas son tremendas y salvajes entre las elites ricachonas.

El 2022 será un año fabuloso para los champanes de 50 dólares para arriba. Desde la región de Epernay, en Francia, donde se produce el Moët Hennessy, no pueden seguir el ritmo de la demanda, y los precios han sobrepasado los límites de la cordura.

El 1% de plutócratas participa del mercado cuyas alzas y bajas interesan hasta en Singapur. El New Economy Forum se rebana los sesos para comprender el gusto de los platudos por un brebaje tan agrio y repugnante. En términos de exquisitez y snobismo nadie vence al más vulgar poseedor de industrias.

Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia que produce el “Champagne Maisons”, reveló que la recuperación del turismo impulsó la compra de partidas para celebrar la vida en este tecnocapitalismo comandado por bribones de una brutalidad candente. El millonario añadió que las ventas de vino y champán crecieron en todo el planeta, salvo Africa y Asia, donde la gente es aficionada a bebidas más económicas y efectivas, incluso con un sabor mucho más dulce y agradable que el del champán parecido a meo de gato.

En el rubro indumentaria, relojes y superautos también se están batiendo récords de ventas, sucediendo lo mismo en el fértil campo de los jugadores de fútbol. Ahora empieza el mundial y en Israel ya están preparando la fiesta, confiados en que van a ganar, confiados en que se trata de una competencia para elucidar quién tiene el gobierno más de ultraderecha y mafioso del mundo. A Rusia la descalificaron de antemano y eso habla de quién gobierna el espíritu de la FIFA.

Según los banqueros y dueños de paraísos fiscales se trata de un neo-boom de riqueza, asqueroso y abominable como cualquiera, pero peor aún por el contexto de crisis sanitaria, alimentaria, migratoria y bélica que se da, esta vez sin excepciones, en todos los continentes, siendo los más afectados, casualmente, Asia y Africa, aún cuando los ojos del mundo estén puestos en la traidora y protonazi Ucrania de Zelenski.

Las marcas Christian Dior, Stella McCartney, TAG Heuer Bulgari y Tiffany han tenido saltos ornamentales en sus ventas. Jean-Jacques Guiony, jefe financiero de una de ellas, dijo “no sabemos que hacer con todo el dinero que nos ha entrado, sólo tenemos la certeza de que no se lo daremos a filántropos como Bill Gates o Georges Soros”.

Los dueños de Gucci, Balenciaga y Bottega Veneta ratifican el óptimo momento de la joyería y el fetiche de lujo, el caniche-toy se vende como pan caliente entre los vecinos de la Recoleta. Eric du Halgouet, otro CEO militante de lo premium, añadió: “Por el momento no se ven señales de calma en los fondos buitre, que siguen haciendo mierda países a su antojo. Así que nosotros seguimos adelante…”.

La asociación italiana Altagamma saludó el momento feliz de su industria, y declaró: “Aún en épocas económicas turbulentas, como la actual, la industria del lujo está cubierta hasta el 2050, con toda tranquilidad. El perfil del rico joven está manteniendo una precoz actitud positiva hacia el lujo y la lujuria. En los próximos años la generación Z y la generación Alpha abarcarán la tercera parte del mercado. Ya de bebés se crían rodeados de artículos de lujo, entre algodones, entrenadores personales y un ambiente lleno de propuestas disparatadas y antojadizas que carecen de ilación con la maldita realidad global. Entretanto, Israel se asegura el campeonato mundial de gobiernos de ultraderecha masacrando palestinos ante la indiferencia absoluta del “mundo libre” de todos los millonarios imbéciles que acuden a Qatar.

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