El arte del hundimiento

Me pregunto cómo comenzó todo, este negocio de ver tu vida resplandecer delante de tus ojos mientras te hundes, como si el pánico, o el acto de sumersión pudieran asustar al tiempo en tal compresión, aplastando décadas en el vicio de tus segundos finales, desesperados.
Luego de caer de un vapor o ser arrastrado en una corriente tormentosa, no podrías esperar una revisión más ociosamente, una mano invisible corriendo las páginas de un álbum de fotos, tú sobre un pony o soplando velas en un sombrero cónico.
¿Qué hay de un pequeño film animado, una presentación en diapositivas?, ¿tu vida expresada en un ensayo, o en una foto modelo? ¿No sería mejor cualquier otra forma que este súbito resplandor? Tu existencia entera yéndose de tu rostro en una explosión de biografía que hace cantar las cejas, nada como los tres grandes volúmenes que has divisado.
Los sobrevivientes nos harían creer en una brillantez aquí, algún rayo de verdad bifurcándose a través del agua, una última luz antes que todas las luces se apaguen, amaneciendo en tí con todo su tonelaje megalítico. Pero si algo resplandece ante tus ojos mientras te vas abajo, probablemente sea un pescado, un rápido borrón de plata curva que se dispara como una flecha, no teniendo nada que hacer con tu vida o tu muerte. La marea te llevará, o el lago lo aceptará todo mientras te hundes hacia el desorden de malezas del fondo, dejando atrás lo que ya has olvidado, la superficie, ahora invadida con el alto viaje de nubes.

 

traducción: HM

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