Sermones que vemos

En cualquier día prefiero ver un sermón que escucharlo, preferiría que alguien camine conmigo que meramente me diga el camino. El ojo es mejor alumno y más dispuesto que el oído, el fino consejo es confuso pero el ejemplo es siempre claro, y los mejores de todos los predicadores son los hombres que viven sus credos, porque ver el bien puesto en acción es lo que todos necesitan.
Pronto puedo aprender a hacerlo si me dejas verlo hecho, puedo observar tus manos en acción, pero tu lengua puede correr demasiado rápido. Y la lectura que envías puede ser muy sabia y sincera, pero prefiero obtener mis lecciones observando lo que haces, porque podría malinterpretarte y al elevado consejo que das, pero no hay malentendido en cómo actúas y cómo vives.
Cuando veo un acto de bondad, ansío ser bondadoso. Cuando un hermano más débil se tambalea y un hombre fuerte peramenece detrás sólo para ver si puede ayudarlo, entonces el deseo crece fuerte en mí de ser tan grande y considerado como sé que aquel amigo es. Y todos los paseantes pueden atestiguar que hoy el mejor de los guías no es el que les cuenta sino el que les muestra el camino.
Un hombre bueno enseña a muchos, los hombres creen en lo que contemplan, un acto de bondad advertido vale cuarenta que son contados. Quien se para con hombres de honor aprende a mantener apreciado su honor, porque el vivir correcto habla una lengua que a cada uno le es clara. Aunque un hablador capaz me encante con su elocuencia, digo, prefiero ver un sermón que escuchar uno, cualquier día.

 

traducción: HM

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