Termina pandemia de coronavirus con escenario grotesco

Y como lo vaticinaron tantos expertos, científicos y asesores en salud, el Covid-19 se acabó, desconociéndose el saldo de muertos y heridos, de angustiados y enloquecidos, cantidad de cierres y cuarentenas, campañas sanitarias y avisos de cuidado. Sirvió para corroborar que la porquería y la injusticia prevalecen, y para enriquecer más a farmacéuticos devenidos en matasanos. El escenario de guerra no difumina las secuelas. Preocupaciones de contagio derivadas a la viruela del mono y la OMS masificando recomendaciones absurdas.

Muchos creyeron que las cosas iban a cambiar para mejor, ahora están decepcionados y hambrientos de crisis más agudas. El rumbo descalabrado y tiránico de las cosas va hacia un orden mundial abyecto. Rusia y China no terminan de “ponerle el cascabel” a Estados Unidos, a pesar de que la nación americana continúa exhibiendo su impúdica decadencia. El mito del envejecimiento saludable se desvanece. La traición de los medios de comunicación es enorme y abatata cerebros. Torpezas de enfermeros mal pagados se multiplican en sanatorios. Sucumben intelectuales ante la idiotez grandilocuente puesta como filosofía canónica en redes sociales. Miradas fijas en celulares, promesas de chats o llamados para “cerrar negocios”. Compraventa de cualquier cosa para escapar a la espiral inflacionaria global…

Y Corea del Norte que no hace nada, y Kim Jong-Un que se duerme en los laureles de amenazas que no asustan ni a bebés. El turismo encarecido y bastardeado por paquetes ridículos que van al espacio ultraterrestre. Competencias lunares o marcianas en que participan estados con capacidades de proyectarse al universo y otras galaxias. Defecación y basura de la tierra que busca contención en el más allá o en religiones improvisadas para adictos a drogas pesadas. Y Occidente que apuntala la hegemonía yanqui para seguir acosando y colonizando mentes atrofiadas por lawfares y fake news. Y Putin que no puede mandar a matar a Zelenski, y éste que sueña con su jubilación en su mansión de Tel Aviv… ¿Israel? Ah, continúa masacrando palestinos ante la mirada cómplice de millones de espectadores que aguardan un campeonato mundial de fútbol que se anticipa más arreglado y ruin que contienda electoral centroamericana. ¿Qué pasa por allí? Un Bukele contasta con una Xiomara, una Cuba que se asemeja cada vez más a Puerto Rico. ¿Independencia o liberación? Enigma intextricable. Todos quieren seguir lamiendo botas o emigrar a Texas para cumplir su “sueño americano”. Allí Hollywood seguramente hará su versión de los hechos y reconstruirá historias de héroes latinos que cotizan en bolsa. Todo preparado para un apocalipsis insulso…

Ahora vuelven temporadas de terremotos y huracanes. México envuelto en la mediocridad de una política dialoguista que conduce al fracaso y garantiza la perpetuación del crimen y la violencia. Proyecto de Tren Maya que tienta a grandes empresarios marcha hacia al abismo. Olas de calor masivas aplacan el deseo de tiritar con los hechos espeluznantes que asombran al orbe. Las revoluciones de colores y golpes de estado blandos son moneda corriente, herencia de un coronavirus que ayudó a apuntalar comportamientos ignominiosos, un aislamiento social que no cura ni una gripezinha. Todos vacunados con patentes engañosas, certificados avalados por consejos médicos inútiles.

Intentos de magnicidio provocados por bandas de vendedores de copitos de azúcar, espías embusteros que desconocen el funcionamiento de un arma de fuego, jóvenes hastiados que se creen liberadores de la patria por perpetrar los encargos de sus patrones huidizos. Mafias provistas de tecnología 5G y 6G, artillería y aplicaciones para proveerse de lo que quieran en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Y Trump que promete que va a volver….

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