¡Qué viruela! La guerra del mono en Japón

Cazadores fuertemente armados, que están persiguiendo a un grupo de monos que atacó e hirió a más de 50 personas al oeste de Japón, han logrado capturar a uno y luego de torturarlo, lo mataron.

Agentes de la policía militar y civil de Yamaguchi han estado rastreando al grupo durante semanas, buscando dar con la agresiva manada que asaltó a varios residentes propinándoles mordidas y arañazos leves. Varios de los heridos se encuentran internados, a la espera de que les dé negativo el test de la viruela del mono.

La víctima de los humanos fue un macho, a quien le acertaron un dardo tranquilizante, atrapándolo cuando cayó en un lago, en un terreno lindero a una escuela. Identificado como uno de los responsables de los ataques, el mono –de medio metro de estatura y cuatro años de edad- fue derribado y sacado de circulación.

Las patrullas de Yamaguchi ostentaron su prenda anunciando a todo el país que habían alcanzado al enemigo. De todos modos, la preocupación ciudadana persiste, ya que ningún veterinario ni zoólogo vaticinó que los ataques simiescos vayan a detenerse. Sus embestidas y maniobras pueden parecer juguetonas y graciosas, pero son muy peligrosos por todas las bacterias que pueden contagiar a los inocentes nipones.

Los testigos y víctimas describen a los monos como de diferente tamaño, y que se comunican a la distancia a través de alaridos y gesticulaciones obscenas. Incluso, un jardinero de 60 años aseveró que “los monos se burlaban de mi mientras procuraban arrancarme un brazo”.

Los macacos japoneses son muy comunes en varias zonas del país, y conforman una peste en diversas áreas, comiéndose las cosechas e ingresando a los hogares, aunque la avalancha de recientes ataques es inédita, y algunos analistas se lo atribuyen a Putin. “Los rusos estuvieron entrenando a estos monos para martirizarnos” conjeturó un alto cargo del gobierno que prefirió no dar su nombre y apellido.

Los residentes se mostraron en las redes sociales con garrotes y tijeras para defenderse de los animales.

Esta revuelta de monos, indudablemente, constituye una esperanza para la humanidad… Además de contener un gran ingrediente en su justicia poética, revela que su instinto de supervivencia está firme, y que jamás se someterán a los designios de un hombre belicoso y angustiado por la crisis económica, alimentaria, política y climática global. Ellos sí aguantarán las temperaturas y hambrunas extremas que se vienen en los próximos años.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *