¡Ni guerra ni covid! La verdadera causa de la inflación global

No, tampoco es la viruela del mono o enfermedades resucitadas. Nada que se le parezca a la violencia bélica o la proliferación de hambrunas. Que crisis alimentaria por aquí, que crisis climática por allá, que factores de especulación financiera, fuga de divisas, desigualdad del ingreso, nada de ello. Se trata de simple hijaputez de “formadores de precios”.

Ahí vienen los liberales extremos a bombardear el banco central. Así pretenden acabar con el sufrimiento de millones que ven cómo los precios se elevan en tiendas y supermercados. Muchos han vuelto al trueque y a acuerdos por fuera de la “economía informal”, igualmente la escalada no para hasta hacerse híper y generar sucesivas devaluaciones que condenan a la inación (y perplejidad) a otros millones que en Africa son incontables. Y encima, todos los líderes salen con la misma excusa: “Guerra en Ucrania y secuela de la pandemia”. Primero los “commodities” alcanzaron alturas exorbitantes para luego acomodarse y descender, pero el pan y otros alimentos básicos como la leche no frenaron su ascenso en ninguna moneda mundial, ni siquiera la norcoreana.

El único sitio del mundo que se salva de esta peste inflacionaria es la isla de Sentinel, donde sobrevive una tribu salvaje que apenas está llegando a la edad de piedra. Y ahí son felices y asesinan a cualquier occidental que ose conquistarlos o colonizarlos, por más que vayan pertrechados con drones y armas de guerra sofisticadas. Ahí nadie puede huir: el mundo es mágico y encantador, lleno de chispas divinas: allí, donde los aborígenes aún no han dominado el fuego.

Pero parece que en el resto del mundo –que es todo capitalista, incluidas las potencias China y Rusia-, aún con avances tecnológicos sorprendentes, con procesos de robotización y automatización que envidiarían planetas más desarrollados, el fuego también está incontrolable, y las olas de calor que sofocan a Europa disparan el valor de las fuentes energéticas. El combustible se fue a las nubes y la luz eléctrica lo acompaña, los sistemas de refrigeración son abandonados por impagables, morosidad de deudas infinitas ante organismos de créditos internacionales impiadosos, trabajando codo a codo con fondos buitres y usureros de ingentes ganancias, desde un simple “bonista” clasemierdero a Blackrock.

Y sí, los paraísos fiscales son la verdadera causa. Allí está todo el dinero que remediaría las hambrunas y las economías colapsadas. Ahí está el metálico, o digital, que solucionaría problemas de vacío en las cajas de ahorro populares. Sólo hace falta unos cuantos Robinhoods y seguidores del papa Francisco, que ya ha predicado bastante contra el estado de las cosas en el capitalismo imperante, que además de ser cínico, criminal y alienante, conforma un sistema que enflaquece la experiencia humana, que la estrecha en los contornos de un egoísmo cerril.

Igualmente, la izquierda y la derecha rotan en los gobiernos que reúnen características de inmensa similitud. Todos están con las mismas excusas, la misma queja y las intenciones baldadas de aumentarles impuestos a los millonarios. Ellos se cagan de risa porque son dueños de los aparatos de justicia para garantizarles impunidad mientras respiren. Sus delitos son tan obscenos como aberrantes, y la prensa suele aplaudirlos cuando logran perpetrar sus desfalcos, admirando y envidiando sus cuentas bancarias. No vamos a decir que es un fenómeno multicausal, pero mucha de la inflación que día a día, minuto a minuto, angustia y corroe las almas de pueblos sufridos y manipulados, es responsabilidad de quien decide pagar una cantidad delirante de dinero por cualquier producto o servicio. Y como la canción de aquella banda brasileña Titas, ¡Homem primata, capitalismo selvagem!

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