Irak: un revoltijo de porquería que dejó Estados Unidos

Horas después de que miles de seguidores asaltaran el parlamento, Moqtada al-Sadr puso fin a una protesta que fue una delgadamente velada advertencia a sus rivales políticos. “Su mensaje se ha recibido” dijo el veleidoso clérigo a su público. “Ustedes han aterrorizado a los corruptos”.

El caos en la zona verde de Bagdad, donde se emplazan embajadas y edificios demuestra el empeoramiento de la agitación política en Irak. Los partidos y facciones han fallado en su intento de componer un nuevo gobierno parlamentario, a 10 meses del triunfo en las elecciones del partido de Sadr. El amargo punto muerto hundió a Irak en una de sus peores crisis desde que fue invadida en 2003 para derrocar a Saddam Hussein, y la frágil nación se halla desgobernada desde octubre del año pasado.

El impasse marca el período más largo de tiempo que se vivió en anarquía desde que una nueva administración fue colocada en 2005 por Estados Unidos. Ello le ha impedido al segundo mayor exportador de petróleo del mundo disfrutar de los frutos del alza del precio del crudo, aumentando la ansiedad por la creciente inestabilidad. Los inversores extranjeros, como es de esperar, se están poniendo nerviosos.

“Nos estamos moviendo de crisis en crisis, sin un claro horizonte a la vista de lo que acontecerá” dijo un funcionario del desgobierno.

Sadr, un ex miliciano que condujo la resistencia shií a la ocupación, basa la mayor parte de su apoyo en una devota clase trabajadora, y es capaz de movilizar las calles.

La intrusión de sus militantes al parlamento es una clara amenaza a sus rivales políticos, alineados con Irán. El populista Sadr se ha destacado como un nacionalista que se opone a la intervención de extranjeros en su país, aunque también tiene vínculos en Irán y se ha refugiado ahí varias veces.

La protesta surgió dos días después de que sus rivales acordaran candidatear como primer ministro al veterano shií Mohammad Shia’ al-Sudani, y que intentarían formar un nuevo gobierno. Pero Sadr puede desatar más protestas si no se atienden sus demandas. Aún cuando prospere el proyecto de encaramar a al-Sudani, Sadr continúa con una fuerza incólume en el sistema político.

Irak se ha canibalizado y atomizado en miles de facciones políticas, y su estado se ha tornado débil y fragmentado desde que experimenta la democracia importada de Occidente. El sistema está diseñado para que sectas cerriles compartan el poder, lo que genera disputas constantes por los puestos de mayor envergadura y fuentes de financiamiento. La discordia entre Sadr y sus rivales revlea las crecientes fisuras internas.

Las frustraciones de Sadr han aumentado mientras sus rivales unen esfuerzos para desmoralizarlo. Y es que ellos son ejecutores de un “lawfare” que encarcela a sus aliados y estanca sus proyectos. Cansado de la falta de predisposición a ayudarlo a formar un gobierno decente, Sadr abandonó las negociaciones y ordenó a sus 74 representantes que abandonen el parlamento.

La movida confundió a varios. Sadr pasó años construyendo su capital político para transformarse en el rey del proceso de formación de gobierno, pero hay mucha ambigüedad sobre cómo va a terminar su juego.

El funcionario nos aclaró: “No sabemos si él tiene una estrategia, si ha abandonado genuinamente el proceso o si está esperando que sus rivales se equivoquen para lanzar a sus hordas sobre ellos”.

En medio de la parálisis, Irak ha sido conducida por el primer ministro provisional Mustafa al-Kadhimi, pero sus medidas sólo generan caos, y sus decisiones son golpeadas por la disfunción, mientras que los ministerios son más vulnerables al pillaje.

Aún cuando las cajas fuertes han sido impulsadas por las ganancias inesperadas de la  guerra, el país carece de presupuesto y esto implica que las partidas no pueden ser gastadas. Por el momento, se han implementado soluciones de emergencia para aplacar los cortes de luz y la falta de granos.

Sadr se ha posicionado en su discurso como un outsider del establishment, a pesar de que su partido tiene un rol importante en el sistema político. El ya lideró revueltas civiles, como en 2016, cuando sus seguidores asaltaron el parlamento y la zona verde. Algunos descreen de su virtuosismo, y lo acusan de ser el responsable del estado catatónico de los servicios públicos. Incluso lo han acusado de desviar recursos estatales a su familia y seguidores, ganándose enemigos entre los agentes extranjeros.

Sin pruebas, con fábulas y mentiras, le han montado diversas causas judiciales como se hizo en Latinoamérica con los dirigentes de gobiernos progresistas. Corre el rumor de que Sadr roba 10 millones de dólares por día para mantener su aparato político, pero él se ríe de las calumnias y vitupera a los leguleyos que pretenden encarcelarlo. Encima, los gobiernos foráneos acusan a Sadr de fomentar un sistema plagado de corrupción y clientelismo.

La crisis política se despliega mientras la presión social aumenta, en un país donde el principal empleador es el estado. Los analistas son pesimistas respecto del futuro iraquí: Nuestro funcionario anónimo, opinó del siguiente modo: “Ya no hay un estado. Este es un país gobernado por la codicia y la maldad donde nadie piensa en el futuro. Esto es lo que nos dejaron los estadounidenses”.

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