Matilda, que decía mentiras y fue quemada hasta la muerte

Matilda decía mentiras tan espantosas que lo hacía a uno jadear y estirar los ojos; su tía, que desde muy joven había guardado un estricto cuidado por la verdad, intentaba creerle a Matilda: el esfuerzo por muy poco la mata, y lo hubiese hecho, si ella no hubiese descubierto esta flqueza. Por una vez, hacia el cierre del día, Matilda, cansada de jugar, y descubriendo que la habían dejado sola, fue a hurtadillas al teléfono y llamó a la noble brigada de bomberos de Londres. En una hora la banda Gallant estaba derramando de cada lado, desde Putney, Hackney Downs y Bow. Con elevado coraje y corazones resplandecientes ellos galoparon, rugiendo a través de la ciudad ‘¡La casa de Matilda se está incendiando!’ Inspirada por alientos y voces británicas procedieron desde la frenética multitud, ellos hicieron correr sus escaleras a tavés de un montón de ventanas en la sala de juegos, y tomaron dolores peculiares para empapar las imágenes arriba y abajo de la casa, hasta que la tía de Matilda triunfó en mostrarles que no eran necesarios, y encima entonces ella tuvo que pagarles a los hombres para que se fueran, sucedió que un par de semanas más tarde su tía se había ido al teatro para ver la interesante pieza “La segunda señorita Tanqueray. Ella había rehúsado llevar a su sobrina a escuchar esta entretenida pieza: una privación justa y sabia para castigarla por contar mentiras. Aquella noche un fuego irrumpió, ¡hubiesen escuchado gritar a Matilda!, la hubiesen escuchado aullar y berrear, y arrojó la ventana arriba y llamó a la gente que pasaba en la calle (el rápidamente creciente calor envalentolándola para obtener su confianza), ¡pero todo en vano! Porque cada vez que ella aulló ‘¡Fuego!’ ellos sólo respondieron ‘¡Pequeña mentirosa!’ Y entonces cuando su tía retornó, Matilda, y la casa, habían ardido.

 

traducción: HM

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