Lord Lundy

quien era muy libremente movido a lágrimas, y en consecuencia arruinó su carrera política

Desde sus años tempranos lord Lundy era demasiado libremente movido a lágrimas. Por ejemplo, si su madre decía “¡Lundy, es hora de ir a la cama!” él berreaba como un pequeño turco. O si su padre, lord Dunquerque, decía “¡Ey!” en un tono perentorio, “¡Ey, Lundy, deja al gato tranquilo!”; lord Lundy, dejando ir su cola, levantaría un llanto tan terrible cuando su abuelo, el duque, se disponía a pronunciar su severa reprimenda: “¡Cuando yo era niño, Señor, cuando era un pequeño niño, un animal no era un juguete! La hermana mayor de su padre, que se casó con un ricachón, ¡confiada a su marido, ay, miserable y mocoso picudo! ¿Por qué no sumergieron a la pequeña bestia?” Sugerencias que, para decir como mínimo, no son lo que esperamos escuchar de hijas de un par inglés. Su abuela, la madre de su madre, que tenía cierta dignidad u otra, la liga, o no importa qué, ¡no puedo recordar todo el destino!, dijo “¡Oh, que yo estuviera enérgica y ágil para darle aquello por lo cual llorar”!” (¡Un deseo vacío, compañeros!, porque ella era ciega y cerca de noventa y tres).
El viejo y querido mayordomo pensaba, ¡pero allí, realmente no sabía ni le importaba lo que pensaba el viejo y querido mayordomo! En mi opinión, los mayordomos deberían saber su lugar y no jugar al viejo criado noche y día. Yo me estoy cansando y tú también, ¡cortemos el poema en dos!

Segunda Parte
Entonces le sucedió a lord Lundy, como les ocurre a tantos hombres: hacia la edad de veinteseis, lo metieron en la política, en cuya profesión él ordenó el ingreso que su rango demandaba, a su turno como secretario para la India, las colonias y la guerra. Pero muy pronto sus amigos comenzaron a dudar de si era el hombre adecuado: así, si un miembro se levantaba para decir (como los miembros lo hacen diariamente), “¡Levantándose de aquella respuesta…!” lord Lundy comenzaría a llorar. Una sugerencia a pequeños trabajos inofensivos lo sacudirían con sollozos convulsivos. Así como para revelaciones, éstas simplemente lo pondrían de rodillas, y lo dejarían gimiendo como un niño. ¡Ponía a sus colegas a delirar salvajemente! Ellos le permitían hundirse de puesto en puesto, de mil quinientos como lo máximo a ocho, y casi seis, ¡y luego ser curador del Big Ben!… ¡Y finalmente allí vino una amenaza de expulsarlo del gabinete!
El duque, a su edad gran caballero, cargó la vergüenza hasta que no lo soportó más. El rehizo sus poderes declinantes, convocó a la juventud a Brackley Towers, y amargamente se dirigió a ellos así “¡Señor, nos has defraudado! Sólo éramos tres los que intentamos que fueras primer ministro: los bonos estaban vendidos, la prensa estaba arreglada, la clase media estaba bastante preparada. ¡Pero como es… mi lengua falla! ¡Vete y gobierna Nueva Galés del Sur!”
El anciano patriota gruñó y murió: ¡Y es gracioso, cómo lord Lundy lloró!

 

traducción: HM

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