El gabinete del doctor Trump

(Agencia Maldita Realidad)

Aún falta más de un mes para que entre en funciones y en varios países ya andan temblando, así como en determinadas poblaciones (negros e inmigrantes) en el interior de los Estados Unidos, ante las designaciones de Trump para su gabinete. En el mejor estilo de Mauricio Macri, el electo presidente de Estados Unidos, empresario mafioso e inescrupuloso como su par argentino, que despotricó contra el establishment de Wall Street durante toda la campaña, comenzó a conformar y diseñar un gabinete compuesto por tres pesos pesados de Goldman Sachs, el banco de inversión más poderoso de la banca estadounidense a la que amenazó con frases altisonantes, y varios representantes del pensamiento más retrógrado y ultraderechista que encontró en su equipo de trabajo. Pero lo que lo emparenta con nuestro líder es haber escogido, entre los 200 funcionarios designados hasta el momento, a un 70% de CEOs, colocándose casi a la par, en cuanto a la composición ceocrática, del “equipo de los sueños” de Macri.

El laboratorio del hombre más poderoso del mundo, después del intratable Putin (acusado patéticamente por Obama de favorecer su triunfo), está repleto de pruebas que revelan que hará casi todo lo contrario de lo que prometió, y que lo único que va a cambiar en Estados Unidos es la imposición de un perfil presidencial bravucón por uno neutro y lavado, pero no por ello menos maléfico, del todavía presidente. A continuación se presentan sólo unas breves referencias de las designaciones trumperas.

Gary Cohn, actual presidente de Goldman Sachs, liderará el Consejo Económico Nacional, dedicado a marcar el rumbo de la política económica. Steven Mnuchin, secretario del tesoro y judío (como no podía ser de otra forma) trabajó en la misma compañía. Y Stephen Bannon, cerebro de la campaña presidencial y designado consejero principal de Trump en la Casa Blanca, también pasó por el banco y creó su propio fondo de inversión con otros CEOs de la compañía.

Betsy DeVos, futura secretaria de Educación, ha escrito varios artículos promoviendo la privatización de todas las escuelas públicas de todos los niveles, prometiendo desmantelar el sistema de educación pública en su conjunto. Se ve que en Estados Unidos no necesitan congelar el gasto público por 20 años como en Brasil, y pueden apelar a otras aberraciones.

Wilbur Ross, propuesto como Secretario de Comercio, encabeza los rankings en la revista Forbes -es multimillonario, como el resto de sus futuros colegas de gabinete- y forjó su fortuna “reestructurando” empresas, en un estilo delictivo admirado por el presidente electo.

Como fiscal general de la nación, Trump escogió a Jeff Sessions, senador de Alabama, partidario de adoptar un perfil extremadamente duro con la inmigración ilegal, siendo su primera misión expulsar con éxito a tres millones de indocumentados con supuestos antecedentes criminales. Sus antecedentes de declaraciones racistas son numerosos. En una ocasión declaró “con el Ku Klux Klan estaba todo bien hasta que descubrí que fumaban marijuana”.

El congresista Mike Pompeo fue designado director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Es miembro activo del Tea Party, defensor de que los niños puedan portar armas, y tiene una enorme reputación de ser ultraconservador en todos los sentidos posibles.

Michael Flynn, general retirado de 58 años, será el asesor de Seguridad Nacional. Es abiertamente islamófobo y tiene una postura conciliadora con Rusia y China.

Andrew Puzder, CEO de la cadena de restaurantes CKE, será secretario de trabajo. El dueño de las marcas  Carl’s Jr., Hardee’s y Green Burrito se opone enérgicamente al incremento del salario mínimo a $15 la hora y está en contra de las horas extras. Propuso reemplazar a los seres humanos por máquinas, arguyendo que “son más amables y no se toman vacaciones”.

Scott Pruitt, un fiscal general de Oklahoma, negador obstinado del cambio climático, fue elegido para dirigir la agencia de protección ambiental. Por su parte, Tom Price será el encargado de anular o modificar el Obamacare, a gusto de su jefe Donaldo.

Y una perla final, que revela el trasfondo de este circo infame de los republicanos, del horror que se está cocinando a fuego lento, es la elección de David Friedman, un judío ortodoxo más derechista que el mismísimo Netanyahu, como embajador en Tel Aviv, y próximamente en Jerusalem, lo que será un giro en la posición de Washington respecto del conflicto israelí-palestino.

Friedman es un socio fundador de un estudio de abogados, que tiene cerca de 300 profesionales, que en los últimos 35 años se ha especializado en fraudes y bancarrotas, siendo asesor y socio de varios fondos buitre. Este personaje es fundador también de la Yeshiva de Beit El, una escuela religiosa y nacionalista ubicada en una colonia, en el territorio palestino ocupado de Cisjordania. A través de su asociación de Friedman, la millonaria familia del yerno de Trump, Jared Kushner, ha donado millones de dólares a esta institución, que se señorea en tierras que la comunidad internacional considera ilegalmente apropiadas por el Estado israelí. Lo que se dice, esto apesta por todos lados. Gane quien gane la presidencia de los Estados Unidos, el lobby sionista y extremista parece imponer siempre sus condiciones.

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