El año se va, la náusea permanece

(por Agencia Maldita Realidad)

¿Qué buenos deseos ni qué deseos buenos? ¿Qué anhelos de recambio ni qué reconversiones? Por más que uno sueñe que las cosas irán mejor, la sensación que deja el 2016 que no se acaba de ir es claramente nauseabunda. La ex presidenta argentina Cristina Fernández, con su habitual agudeza para el análisis de la realidad, advirtió que este año será recordado como “aquel en que se vivió (o vivimos) estúpidamente”, refieriéndose tanto a la política nacional como internacional. Los datos, en materia de conflictos bélicos (cantidad y calidad), desastres ambientales (cantidad y calidad), hambrunas, la profundización del calentamiento global, pero sobre todo, el afianzamiento de gobiernos liderados por empresarios-políticos colocados por las élites financieras, económicas y militares, parecen preocupantes. Datos concretos se pueden buscar en páginas responsables que hacen investigaciones creíbles. Aquí basta con señalar el peligro que implica el ascenso de Trump al poder en Estados Unidos, ya que el prototipo de millonario energúmeno mayor comenzará sus funciones en la Casa Blanca el próximo 19 de enero. Ya comenzó a amenazar a China y a Irán, además de darle su apoyo incondicional a un Israel insaciable de sangre palestina. La heroica victoria de Bashar Al Asad contra los grupos de mercenarios yanquis (acompañados por franceses e ingleses y lúmpenes de religión musulmana) abre un enorme signo de interrogación sobre lo que ocurrirá en Medio Oriente en las próximas semanas. En este contexto, el asesinato del embajador ruso en Turquía por parte de un policía simpatizante del Estado Islámico es un hecho que no sorprende. Hablar de los desastres humanitarios en Africa es inútil porque a nadie le interesan. Mencionar que la muerte del coronel Kadafi aún no ha sido vengada es una especulación que podría rayar con el delito en los sistemas penales de Occidente.

La crisis infinita de los refugiados ahogados en el Mediterráneo, o cometiendo atentados en las principales capitales de Europa (Paris, Berlin, Roma, Londres, etc.), la negociación del presidente de Turquía para que dejen de considerarlo un paria, o de otro modo se aliará con Rusia, además de liberar y enviar como un obsequio a sus colegas europeos los 500.000 refugiados que sobreviven en las ciudades turcas en condiciones de miserabilidad tétricas. Putin mirándolo todo como un nuevo zar que se relame ante la decadencia de sus rivales. Ciertamente, ha recuperado la mística de una Rusia poderosa, cándida y trabajadora, potencia científica, industrial y económica, que puede difundir en el mundo valores más amenos que el egoísmo y la imbecilidad recalcitrante del ideario neoliberal que ha conquistado los países de nuestra región, principalmente Brasil y Argentina, cuyas situaciones son espantosas, en cuanto al sufrimiento y sometimiento del pueblo, que todos los días se ve objeto de vejaciones y humillaciones que en otras épocas hubiesen merecido revueltas salvajes. ¿Qué es si no la ley del congelamiento del gasto público en Brasil por 20 años?, ¿qué cabeza es capaz de aceptar semejante afrenta, pergeñada incluso por una banda de ladrones de guante blanco, habitantes del Congreso brasileño?

Y en el plano local, la inmersión del dedo en el culo aparenta ser más sutil pero es mil veces peor. La primera diferencia que se aduce es que acá hay un gobierno democrático, jajaja, las cifras de hambreados, desocupados, perseguidos políticos, la receflación (neologismo que combina recesión con inflación), las miles de muestras de impunidad hacia la banda de CEOs mafiosa que rige los destinos del país (sobre todo a su presidente Macri, que puede robar y estafar al pueblo, hablar y sonreír como un idiota, y continuar amparado por los “formadores de opinión” de los medios de comunicación) nos alertan sobre la náusea más profunda que se avecina en 2017.

Mierda, todavía el 2016 no se fue, y nos espera algo mucho, mucho peor, en el futuro cercano.

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