Charlando con Bobi Wine en Nairobi

Como observador de las elecciones en Kenya, Bobi Wine, el “presidente del gueto” que inspiró a una generación con su candidatura a comandar la vecina Uganda, dice que “Kenia está mucho mejor que nosotros democráticamente. En este momento en Uganda todas las ciudades estarían sitiadas por los militares. Aquí no veo despliegues militares pesados… Ciertamente Kenya no es una democracia perfecta, pero es una democracia” comenta en un bar coqueto de Nairobi, de auténticos borrachines.

Robert Kyagulanyi, verdadero nombre de Bobi, tiene 40 años y forma parte de la misión de observación de una fundación que es un think tank sudafricano. La votación todavía está en etapa de conteo, desde que se cerraron las mesas el martes pasado. Llevando su típica boina roja, Wine, toda una estrella pop y líder del movimiento People Power, dice que continúa hablando en contra del presidente ugandés Yoweri Museveni a pesar de su derrota el año pasado y que no han escamitado esfuerzos para silenciarlo.

Uganda tuvo unas elecciones calientes en enero de 2021, y cerraron Internet durante 5 días mientras Wine fue puesto en arresto domiciliario. En el mes precedente, habían matado a 54 personas y detuvieron al staff de Wine. El cantante denuncia que las detenciones continúan en Uganda y que hay centros clandestinos de tortura y muerte, desconociéndose las cifras de la población carcelaria, descartándose que se encuentran en absoluta hacinamiento.

Wine explica que él y su movimiento hicieron todo lo que ética y legalmente se podía hacer, y no se arrepiente de sus acciones, ni de sus dichos. “Nuestra única intención no era ganar sino exponer los agujeros, las inconsistencias y la hipocresía del sistema de gobierno. Y al exponerlo nos estamos moviendo hacia allá para cambiarlo”.

Sin embargo, no se registraron protestas masivas tras la derrota de Wine (él dice que fue ilegítima y que hubo fraude). Las matanzas han causado una “ola de terror”, y el resto quedó desmovilizado. “Como líder, siempre intento proteger a mi pueblo, tanto como desalentarlos de que tomen el mal camino”.

También se mostró inseguro sobre el impacto que hubiesen tenido las protestas. “La razón por la cual no funcionaron las protestas masivas es la hipocresía de la comunidad internacional. Cuando ésta apoya las protestas, las cosas cambian, pero cuando a la comunidad internacional se le antoja estar con el tirano, el pueblo pierde. Este ha sido el caso de Uganda y el de muchos países africanos… Los dictadores son tolerados –y desafortunadamente financiados y acicateados por las democracias más grandes del mundo- y han mantenido a sus pueblos oprimidos por mucho tiempo” –perora Wine, ante un vaso de rico vino kenyata.

Wine critica a los países desarrollados que trabajan con el gobierno de Uganda. Museveni, que está por cumplir 78 años, está en el poder desde 1986. Se especula que su hijo Muhoozi Kainerugaba, de 48 años, se está entrenando para ser su sucesor, aunque Museveni no lo ha confirmado públicamente.

Wine afirma que su actual estrategia es continuar agitando y luchando con cualquier recurso moral y constitucional que pueda. “Detesto la violencia, porque sólo engendra violencia. No ofrece un cambio real. Digo, tuvimos violentas revoluciones en el pasado y no nos dieron democracia. De cualquier modo, lentamente estoy perdiendo la autoridad moral para doblegar los argumentos de quienes proponen soluciones violentas… porque la democracia por la que me paro ha sido vejada impiadosamente”.

Wine dice que los jóvenes de Uganda –uno de los países con la población más joven del mundo- son políticamente excluidos y se les niega una voz, debiendo afrontar entre otros problemas propios de una nación saqueada y subdesarrollada, elevados índices de desempleo. La situación ha empeorado en los últimos meses, con una inflación récord de los alimentos básicos y esenciales. También se considera que el país tuvo la cuarentena más larga del mundo por el Covid, declarándose el estado de sitio y emergencia permanente en los últimos dos años para poder apalear a la oposición del gerontócrata.

Para quien sea electo presidente de Kenia, Wine también tiene palabras: “Le pediría que no pongan a la diplomacia sobre la moralidad, valores por debajo de la democracia, por debajo de los derechos humanos. Muchas veces los líderes creen que es más importante defender a sus contrapartes. Y desafortunadamente esto ha convertido al este de Africa en un club de presidentes que se sientan, cenan y toman vino, sobre la sangre del pueblo oprimido”.

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