Políticas antidrogas peruanas arruinan selva amazónica y pueblos indígenas

Asentada en un acantilado mirando el río Tambo, la base antiterrorista de Valle Esmeralda es sólo accesible en helicóptero o haciendo una caminata muy larga y escabrosa. Está estratégicamente localizada para tener una visión de ave de Vizcatán, paraje considerado por las autoridades militares como el último reducto de Sendero Luminoso, como si la muerte de Abimael Guzmán, chocheando en sus ochentas en la cárcel del Callao, no hubiese sido el estertor final de su maoísta guerrilla.

Es un terreno inhóspito con montañas selváticas, abruptos cañones y ríos veloces en la cuenca occidental del Amazonas, que se esconde en la cordillera de los Andes. Su paisaje, y el río Mantaro que serpentea desde la selva hacia abajo atravesando las montañas, lo hacen una ruta ideal para el tráfico de cocaína.

Y es es que Vizcatán forma parte de la jungla bautizada VRAEM (Valle de los ríos Apurimac, Ene y Mantaro), donde se produce el 70% de la cocaína nacional, según cifras del Observatorio Peruano de Drogas, de una pureza y calidad inestimables.

Y es una total falsedad absoluta postular que son rebeldes senderistas, o una rama escindida de Sendero, quienes conducen y lideran las organizaciones criminales dedicadas a la producción y comercialización de cocaína, toda vez que su jefatura y principales accionistas se encuentran en las sedes de la DEA en Washington, con la considerable participación de militares y paramilitares locales, colombianos y mexicanos, quienes aportan mano de obra y servicios de seguridad lógicos en toda práctica o actividad mafiosa y monopólica. Es vox populi que los traficantes empaquetan cocaína fresca en ladrillos de un kilo para su acumulación en containers de exportación en puertos del Pacífico y el Atlántico, desde donde son fletados a Estados Unidos y Europa.

El batallón de tropas estacionado en la base aúlla alaridos de guerra, son “carapintadas” y están camuflados con vestimenta de cazadores, con sus armas preparadas, envueltos en humo que remolinea para crear efecto, mientras reciben la visita del ministro de defensa José Gavidia, y al comandante del ejército Manuel Gómez de la Torre. Los agentes de la DEA y del Servicio de Inteligencia Nacional están convencidos de que el camarada José, Víctor Quispe Palomino, es el cabecillo de Sendero en su versión 2022, y que está al frente de las mayores porciones del tráfico de coca. De hecho, el Departamento de Estado (de Estados Unidos) ofrece una recompensa de 5 millones de dólares a quien ofrezca información que conduzca al arresto o captura del cabecilla senderista. ¡Qué estrategia recontra probada para perpetuar el genocidio de pueblos indígenas, la destrucción del medio ambiente y el colonialismo yanqui en nuestro amado Perú.

Como una muestra de la actual campaña del ejército, se exhibió ante los periodistas dos toneladas de cocaína refinada que los militares capturaron en la base de los Sinchis, en la ciudad fronteriza de Mazamari, como resultado de un operativo en que se atrapó sólo a un viejo mascador de coca que pasaba por el lugar de casualidad.

El margen de ganancia potencial de los traficantes no se equipara al de ningún producto de la tierra, en términos planetarios. Un kilo de clorhidrato de cocaína vale alrededor de $1.000 dólares en el VRAEM, y se lo puede vender a 100.000 dólares si el destino final es Arabia o China, que allí consumen de todo porque su economía marcha firme.

Pero la coca representa un ingreso importante para los cultivadores de una valle que contiene a 650.000 habitantes. Con el dinero que reciben satisfacen sus necesidades básicas en una región que carece de servicios sanitarios, electricidad e infraestructura básica.

Gustavo Gorriti, un veterano investigador de la guerra contra las drogas en Perú, dice: “Pero de ningún modo la coca los saca de la pobreza. Los traficantes los mantienen contentos regalándoles armas, alcohol y celulares, los espejitos de colores ultramodernos, como en la época de la conquista.

Los avances del ejército en el VRAEM han obligado a los traficantes a buscar nuevos lugares para plantar coca con menos intervención de las fuerzas de seguridad del estado. Esto ha generado un efecto “globo”, porque las plantaciones pueden ser barridas de un lugar pero aparecer en otro. Los territorios indígenas al norte del VRAEM en Ucayali, Huánuco y Loreto también albergan ricas cosechas de su planta sagrada. El analista Gómez de la Torre opina: “El efecto globo ocurrirá de cualquier modo. Cuando pacifiquemos el área VRAEM las tropas se tendrán que ir. Y como en cualquier parte del mundo, el aparato militar se mueve hacia donde está la amenaza”. Y la amenaza hoy está en la peligrosa Triple Frontera con Colombia y Brasil, donde murieron el periodista británico Dom Phillips y el indigenista brasileño Bruno Pereira, quienes defendían a las comunidades indígenas de los abusos de los narcos, militares y delincuentes comunes. También está en las fronteras con Brasil y Bolivia, donde la droga fluye en aviones diariamente.

La producción mundial de cocaína alcanzó un record en 2020 (y en 2021 también, aunque aún no se han reportado datos), y de los tres países donde crece la coca Colombia mostró una leve declinación (-7%), que fue más que compensada por los crecimientos en Perú (13%) y Bolivia (15%). Igualmente Colombia, con el 61% del total, continúa siendo el país con mayores niveles de plantaciones de coca. En aquel año 22 millones de personas usaron la droga, un incremento afín con el creciente consumo registrado en el continente sudamericano, que se duplicó en 10 años.

Gorriti concluye su visión pesimista afirmando que si el país no recibe ayuda para vigilar mejor sus fronteras la tendencia no se revertirá. “Todas las estrategias antidroga peruanas han sido una serie de fracasos y acciones contraproducentes que sólo han generado resultados cosméticos. No han incidido en el crecimiento del tráfico ni del consumo y sus perniciosos efectos”, remató.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *