Impresiones de Biden a mitad de mandato

Joe Biden reconoció ayer en una entrevista “cara a cara” con el periodista de Associated Press Josh Boak, celebrada en el salón oval, que los estadounidenses están “realmente, realmente bajoneados” luego de dos implacables años de pandemia y grieta, una elevada inflación, la guerra en Europa y el devastador impacto de la crisis climática. El presidente tocó varios temas, desde la guerra al cuidado de su cabello.

El presidente concedió esta entrevista en un momento difícil, cuando su rating de aprobación bajó del 40%, a menos de cinco meses de las elecciones de medio término. Biden dijo que el costo del gas y la comida fue un “barómetro directo” de cómo la gente sintió el desbarajuste de la economía y del rumbo del país.

“Comprendo totalmente por qué el votante promedio está confundido, enojado y preocupado” dijo Biden. Sumergido en diversas crisis, Biden agregó: “Tenemos una pequeña cosa llamada cambio climático que está avanzando y provocando profundos impactos”. Advirtió sobre el “derretimiento de la tundra” y el calentamiento de las cumbres polares, las inundaciones record que produjeron cierres y un gran daño esta semana en el parque nacional de Yellowstone. “Es totalmente comprensible que la gente esté preocupado porque ellos miran alrededor y ven, ‘Dios mío, todo está cambiando’” dijo el geronte mandatario.

Igualmente, Biden admitió que imponerle sanciones económicas a Rusia y transferir billones de dólares en ayuda militar y humanitaria a Ucrania, mientras continúe la invasión de Rusia, tuvo altos costos para la nación, y su presidencia. “Habrá un precio que pagar por ayudar a Ucrania. Pero la opción de quedarse de brazos cruzados era peor”.

“Si Estados Unidos hubiese elegido el aislacionismo en vez del internacionalismo, hubiese puesto a todo el mundo liberal en riesgo, abriendo la puerta a una invasión más amplia de Europa. La respuesta a Rusia también ha servido como una clara advertencia a China y Corea del Norte” –dijo el presidente demócrata, sin que se le mueva un pelo del impudor y revelando el carácter gaga de todos sus pensamientos.

Pero con la guerra exacerbando los precios, hay señales de que los estadounidenses se están volviendo menos proclives a sancionar a Ruisa cuando el costo económico lo sienten en el bolsillo. “Yo soy el presidente de Estados Unidos. No se trata de mi supervivencia política, se trata de qué es lo mejor para el país” –arguyó el plutócrata.

Su presidencia ha tenido algunas victorias clave. Biden pregonó sobre sus logros legislativos en 2021 –un paquete de estímulo multimillonario por el coronavirus y una ley de infraestructura bipartidaria-, y vaticinó que habrá más luego de que pueda desatasacar su agenda en el Capitolio.

Entre las propuestas que según él cuentan con apoyo en el senado nombró los planes para reducir el costo de las drogas por prescripción, reducir los costos de la energía, mejorar la cadena de suministros de semiconductores, e imponer una tasa mínima de 15% a las corporaciones y aumentar los impuestos a los superricos.

Biden rechazó cualquier sugerencia de que su plan de estímulo por el coronavirus en los primeros días de su presidencia contribuyó a elevar la inflación a pesar de los ataques republicanos y un amplio consenso entre economistas y su propia secretaria del tesoro, Janet Yellen, de que sí lo hizo, al menos en cierto grado. “Se puede discutir si tuvo un impacto menor, marginal en la inflación. Yo no lo creo” sostuvo el presidente.

Biden también desestimó los temores de una recesión. “Primero de todo, no es inevitable. Segundo, estamos en una posición más fuerte que la de cualquier nación del mundo para superar esta inflación” dijo el dirigente, no sin un dejo de desorientación.

Su optimismo, adujo, brota de la baja tasa de desempleo y de la recuperación económica relativa del país, que es más fuerte que la de otros países desarrollados. Pero pocos estadounidenses expresan confianza en el liderazgo del presidente sobre todo en materia económica, con los republicanos en una firme posición para tomar el control del congreso.

Y la anulación de la sentencia Roe vs Wade por la conservadora corte suprema, que demolió el derecho al aborto, y que se concretará muy pronto, tendrá consecuencias para los republicanos, conjeturó Biden. “Hasta la gente que está en contra del derecho al aborto encontrarán que realmente, realmente están meando fuera del tarro cuando una mujer que cruce a otro estado sea arrestada” explicó el presidente, indicando lo que va a ocurrir si se procede a la anulación, y haya estados “desunidos” con leyes contrapuestas.

“Hay tantas cosas que los tipos están haciendo que están afuera de la corriente donde está el público” reflexionó Biden, quien dio muchas menos entrevistas que sus predecesores.

La entrevista estuvo condimentada con bidenismos: “no es una broma” dijo dos veces, y asegurando más tarde que el periodista no estaba intentando “hacerse el sabio”. “Bromas aparte, aquí está la cuestión” dijo luego de darle consejos parentales. Cerca del final, Biden comienza a fustigar a los republicanos, llamándolos “muy Maga”, es decir, muy leales a Donald Trump y su slogan nacionalista de campaña “Make America Great Again”, con la excepción de “15 republicanos tradicionales, conservadores, del mainstream”.

Contó entre ellos al líder de la minoría en el senado, Mitch McConnell, una visión que él sabe despierta la ira de varios demócratas por sus duras posturas ante la legislación demócrata, bloqueando por ejemplo la nominación de Merrick Garland para la corte suprema –en la era de Obama-, ahora su fiscal general. Entretanto, bromeó con Boak llamándolo “joven”. Boak dijo que su pelo estaba encaneciendo. “Al menos tú lo tienes. Yo me pondría un naranja si tuviera más cabello” chanceó el vejete simpaticón.

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