Un niño soldado sierraleonés triunfa como escritor de pueblo y anticolonial

Han pasado tres décadas desde que Ishmael Beah fue reclutado como niño soldado durante la brutal guerra civil de Sierra Leona, y 15 desde que su libro se transformó en un bestseller internacional. En su adolescencia, logró escapar a Estados Unidos. Ahora, con 41 años, esposa y padre de varios niños, ha retornado a su país natal. Entonces tuiteó: “Retornando a Sierra Leona, buscando recuperar mi voz…”.

Ciertamente él ha tenido un viaje extraordinario. En Un largo camino: recuerdos de un niño soldado, Beah documentó su vida entre sus 12 y 16 años, donde fue reclutado a la fuerza al ejército nacional, convirtiéndose en adicto a drogas, incluyendo marihuana y “brown-brown”, un cóctel de cocaína y pólvora, viendo películas de guerra a la noche como First Blood y Comando; y perpetrando actos espantosos. Más de 50.000 personas fueron asesinadas durante los 11 años que duró la guerra civil en Sierra Leona.

Su libro también detalló las luchas que Beah afrontó para huir de aquella vida, cuando era un adolescente. Beah pasó meses en un centro de desmovilización de Unicef en Freetown, antes de que le pidieran que diera un discurso en la asamblea de la ONU en New York, donde encontró a la mujer que sería su madre adoptiva, con la que se fue a vivir al día siguiente.

Publicada a sus 20 años, la novela fue un suceso literario, liderando los rankings en las revistas especializadas, recomendada por el mainstream de manera ferviente. Se vendió en las tiendas de Starbucks en Estados Unidos y se tradujo a más de treinta lenguas, y se lo utilizó como texto canónico en varias cátedras universitarias. Beah dice que invirtió en un sombrero y anteojos de sol cuando comenzaron a reconocerlo en las calles neoyorquinas.

Junto con la curiosidad por su su fama venían preguntas inapropiadas. “¿Y a cuántas personas mataste?” recuerda que le preguntaron en una presentación en vivo. Le dijo al conductor del programa que no podía recordar, que no había escrito el libro para glorificar la violencia. “Y luego la próxima vez fui presentado como el ex niño soldado que dijo que no recuerda cuánta gente mató”.

“Aprendí una cosa y es que cuando vienen con el dolor negro ellos te lo frotan en el rostro. Si yo no fuera negro, un muchacho africano, algunas de las preguntas que me hicieron las hubiesen omitido” reflexiona Beah.

Dice que intenta responder con inteligencia más que con enojo, porque sabe que si se enoja estaría actuando como se espera de él. Aún hoy, Beah dice que asiste a lecturas y que le dicen “tu inglés es tan bueno” o le preguntan “¿el libro lo escribiste tú?”. “No van a creer que puedo tener inteligencia. ¿Así que la inteligencia le pertenece a cierta gente en otro lugar y a nosotros no?”

Tras el éxito editorial de Beah, unos periodistas australianos cuestionaron su relato, aduciendo que el ataque a su aldea ocurrió dos años después que lo que recuerda Beah, por lo que él sólo pasó algunos meses como niño soldado, no años. Dijeron que se entrevistaron con aldeanos locales que recordaron a Beah viviendo en la aldea luego de que dijo que fue reclutado. (“Tú eres una persona blanca viniendo y diciendo que esta persona ha hecho un montón de dinero… Tú les haces preguntas punzantes, ellos están desesperados… Ellos dicen lo que vos quieras que digan”. Responde Beah ahora.) Los periodistas también inicialmente reclamaron que un minero ejecutivo australiano que trabajaba en Sierra Leona había encontrado al padre de Beah, aunque eso al final resultó una fake new. (“¿Tú sabes lo que fue eso emocionalmente para mí? Nadie nunca preguntó” dice Beah)

Beah se mudó a Freetown (la capital de Sierra Leona) desde Malibú (California) hace un año. “Nunca hay un tiempo perfecto… pensé que éste era el tiempo por venir porque el mundo está cambiando, nos guste o no. Y si está cambiando, quiero estar con los pies sobre la tierra para poder preparar la conciencia de mi pueblo… de otro modo, serán dejados atrás nuevamente” dice, tomando café en un bar de Lumley Beach, en el borde occidental de la urbe.

Ahora él desea iniciar una “revolución literaria”, “nutriendo espíritus y corazones” con el propósito de “descolonizar las mentes de mi gente”. Esto involucra “no sólo descubrirle a la gente el arte de la escritura sino creando una cultura de personas que quieran leer. En Sierra Leona “la gente está interesada en la versión mala de futbolistas o músicos famosos, pero no hay el mismo respeto por búsquedas intelectuales. Los ciudadanos se focalizan en hacer dinero porque viven en una sociedad capitalista sin red de seguridad, y esta lucha constante deja muchos sentimientos amargos e incumplidos”.

“Estoy más interesado en nutrir las mentes de la gente porque pienso que esta sociedad sólo va a cambiar si la gente es capaz de pensar profundamente por sí misma y hacer preguntas. Tenemos una visión corta en el modo en que pensamos nuestras vidas porque no tenemos el espacio para pensar…. Creo que si le enseñas a la gente cómo pensar desharán ciertas cosas por su cuenta. Tú sabes, harán ciertas preguntas, demandarán más de los líderes del gobierno”.

Dice que ha estado regalando copias de sus libros a bibliotecas y tiendas de café de toda Sierra Leona, y está dispuesto a organizar el primer festival literario en la historia del país en 2023. Otro proyecto a largo plazo es conformar una Biblioteca actualizada de libros contemporáneos, diferente de las viejas y polvorientas que existen a lo largo y ancho de su territorio. “No tenemos una Biblioteca nacional aquí. Eso dice mucho de cómo vemos el conocimiento. ¿Cómo se mueve una sociedad hacia adelante si aún están leyendo algo de 1960?” se pregunta en voz alta, con el dejo de imbecilidad que le dejó su etapa soldadesca.

Habrá espacios para que los escritores negros puedan realizar lecturas, otros que pueden ser alquilados para reuniones o exhibiciones, una cafetería que crearía empleos. Beah ya se ha comprado un terreno de 1 hectárea y construye un galpón donde recibirá donaciones de libros publicados en todo el mundo, pero también necesita inversores que contribuyan con capital. Entretanto, está planificando debates mensuales sobre textos seleccionados que distribuirá gratuitamente, acompañados de workshops donde los jóvenes escritores podrán presentar su obra.

Como embajador de buena voluntad de UNICEF, Beah asume su rol asegurándose la libertad de criticar a la industria filantrópica. Y lo hace. En Sierra Leona, como en cualquier país arruinado durante años por guerras y hambrunas, la industria de la ayuda es colonialista, haciendo a las personas dependientes de la economía. “Siempre ha sido así. Les han inculcado a los sierraleoneses que son incapaces o ignorantes, que no tienen sabiduría, y no pueden hacer nada por sí mismos” –dice Beah. “No hay auto-sustentabilidad. Los programas que ejecutan son performativos… Estamos intentando desarrollar una clase media en este país. ¿Qué hacen las organizaciones asistenciales para que eso ocurra?” se interroga nuevamente, ahora en su veta de escritor lúcido.

Dice que a las organizaciones extranjeras sólo se les debería permitir operar en el país si contratan a sierraleoneses o pueden probar que determinadas habilidades no existen en todo el país. También deben probar que su trabajo mejora la economía. Dice que “los africanos han permanecido apartados tanto tiempo de lo que está en su interior que siempre están mirando afuera para encontrar soluciones. Y estas soluciones que les ofrecen no son realmente lo que funciona para ellos… Quiero que la gente cambie en el sentido de que miren más su propia cultura y tradiciones, las artes, la historia, la narrativa que ya está adentro de nosotros… Así la gente verá que aquí tenemos inteligencia, creatividad y talento, que somos pensadores en esta tierra”.

El cree que Sierra Leona está cambiando “para peor”, parcialmente por la enorme migración interna que apiñó a millones de compatriotas en Freetown durante y después de la guerra. “Todos luchan por las pocas oportunidades que hay. Y después de la guerra realmente no hablamos de nuestro trauma… De modo que hay un montón de problemas sin resolver: de comportamiento, sociales, la gente no sabe compartir los espacios públicos”.

El dice que la guerra comenzó por la desigualdad. “Una pequeña cantidad de personas acumuló riquezas extraordinarias y la mayoría apenas sobrevivió. Y estas disparidades aún persisten”.

Beah se casó con Priscillia Kounkou Hoveyda, una abogada de derechos humanos de triple nacionalidad (francesa-congolesa-iraní). Sus hijos son ávidos lectores, lo que le hace recordar su necesidad de cruzarse con gente que sea como ellos en la literatura que van descubriendo.

En 2014 Beah se volcó a la ficción, publicando Resplandor de mañana, una novela de posguerra. En 2020 lanzó Pequeña familia, que cuenta las vidas e ingenuidad de niños de la calle de un país tercermundista que podría ser Sierra Leona. Ahora esta trabajando en otra memoria, una continuación de Un largo camino.

En su afán de cambiar la visión que prevalece en el mundo sobre Sierra Leona, y su pasado bélico, Beah considera que es un avance sustancial que los propios sierraleoneses encuentren sus voces e ideas y no sean hablados por otros ni fagocitados por la cultura occidental colonialista.

Hay otros escritores exitosos de este país africano que han prosperado internacionalmente, como Aminatta y Namina Forna, y ahora, cada vez que las prestigiosas revistas académicas o literarias le piden una colaboración, él se las da sólo si publican también a dos compatriotas suyos. “No podría escribir cada historia que puede ocurrir en Sierra Leona, aún si me encerrara en una habitación y escribiera hasta mi muerte” remata su arenga el escritor sierraleonés que fue niño-soldado.

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