Violín de caballo

Primero me gustaría escribir para tí un poema a ser gritado en los dientes de un viento fuerte. Luego me gustaría escribir uno para que te sientes en una colina y leas en el valle del río una tarde de verano, leyéndolo en menos que un suspiro a Jack en sus suaves piernas de alambre aprendiendo a pararse y rezar, Jack-en-el-púlpito.
Como varios poemas de los que he escrito a la luna y la corriente de los giradores de luz de la luna, tantos de la luna de verano y la luna de invierno que me gustaría dispararlo a tus oídos por nada, por una risa, una canción, por nada en absoluto, por una mirada tuya, por tu rostro girado, y tu voz en un puño, a mitad de camino entre el gemido del viento en un árbol y un sollozo de un pájaro nocturno.

No creas nada de eso, no me pagues nada, abre tu ventana para los otros cantantes y manténla cerrada para mí.
El camino en el que estoy es un camino largo y puedo tener hambre nuevamente como he tenido hambre antes. ¿Qué otra cosa he hecho casi en mi vida que tener hambre y continuar cantando? Déjame con el búho ululante, he dormido en una sábana escuchando. El lo aprendió, debió haberlo aprendido desde dos lunas, la luna de verano y la luna de invierno, y la corriente de los giradores de luz de luna.

Carl Sandburg, traducción: HM

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