Revuelta en Kazajistán, totalmente controlada

El presidente de Kazajistan, Kassym-Jomart Tokayev, quien ordenó a sus tropas que tiraran a matar sin advertencia a los manifestantes que querian quemarlo vivo, se pasó la semana ablandando su discurso y prometiendo genuinas reformas. No obstante, miles de personas continúan detenidas y escenas de la lucha por el poder captadas en teléfonos celulares generan escepticismo.

“La gente que cometió serios crímenes será castigada de acuerdo con la ley” tuitéo Tokayeve ayer, “para otros, le ordené al jefe de fiscales que determine los niveles de culpa, y si no hay circunstancias agravantes, morigerar su pena”.

El saldo de la última semana es de 20.000 detenidos, calificados por Tokayev previamente como “20.000 terroristas”, que atacaron Almaty, la ciudad más grande del país. Se abrieron más de 500 causas criminales, incluidas 44 por terrorismo. El resto fueron detenidos bajo cargos administrativos, con un máximo de 15 días de cárcel. En cuanto a la cifra de muertos por los disturbios, varios medios –locales e internacionales- desmintieron los 164 reconocidos por el gobierno kazajo.

En el oeste del país, donde se iniciaron las protestas por el aumento del precio del gas y el petróleo, con una larga tradición de marchas pacíficas, se perpetraron las peores cacerías policiales. Max Bokay, activista de Atyrau, dijo que varios compañeros de él fueron apresados en redadas de la policía, luego de la declaración del “estado de emergencia”, añadiendo luego que fueron sometidos a intimidaciones y golpizas.

Bokay, que pasó cinco años en la cárcel por protestar contra Tokayev, dijo que esta vez no lo detuvieron pero que una patota de oficiales del ejército lo abordaron malamente en la calle. El se fue a su casa y desde ahí armó una protesta –de una sola persona, él mismo, como se hace en varios países dictatoriales de Asia-, y que eso le ganó una visita de los patoteros a su departamento.

Las protestas, con demandas políticas y económicas, ha sido secuestrada por una batalla de élites entre Tokayev y los suyos, y figuras cercanas al ex presidente Nursultan Nazarbayev, que eligió aTokayev como successor tras 30 años en el poder.

Karim Masimov, jefe de los servicios de seguridad del estado y ex primer ministro, fue arrestado bajo cargos de traición y acusado de pretender tomar el poder, junto con de sus diputados. Desde que comenzaron las protestas se perdieron sus rastros (aunque muchos dicen que hay que fijarse en las direcciones de la CIA en Ucrania o en países pro-OTAN).  

Yermukhamet Yertysbayev, otro ex ministro y asesor de Nazarbayev, acusó a “las fuerzas reaccionarias y conservadores del clan Nazarbayeve de armar la asonada. Además, aseguró: “Pienso que hay negociaciones que están siendo llevadas adelante en búsqueda de compromisos”.  

La intervención de la Fuerza de Cooperación regional liderada por Rusia apaciguó los ánimos. Arribaron más de 2.000 soldados que ayudaron a mantener la posición de Tokayev, y cumplida su misión, están regresando a sus casas.

Putin describió la maniobra como “una revolución de colores” fallida, y que la sociedad civil kazaja ha salido victoriosa. A su lado, Tokayev remató: “Y la autodenominada ‘prensa independiente’ azuzó a las masas para que me atacaran salvajemente”.

“Estamos muy desilusionados de escuchar estas palabras” dijo Vyacheslav Abramov, editor en jefe del diario Clarín kazajo. “Está muy claro que no son los medios, no es la sociedad civil, la responsable de esta crisis, es la gente que está en el poder”. Hasta el momento, Tokayev no adoptó medida alguna contra los medios, y anunció una serie de medidas tildadas de “populistas” por los ideólogos de Washington. Entre ellas se destaca un proyecto de impuesto a la riqueza –que afecta a oligarcas y ricos hombres de negocios- similar al implementado por ‘Conchita’ Fernández en Argentina.

Abramov dijo que se han abierto tres escenarios posibles: El primero es que tengamos un desastre total, como en Bielorrusia; el segundo es que retrocedamos adonde estábamos antes de la crisis; y el tercero es que vamos hacia reformas reales. Igualmente, reconoció que la tercera opción es la menos probable, y que él apuesta al “desastre total”, sin ocultar su simpatía por la gerontocracia estadounidense.

 

Dimitri Rubyayev

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