Humo y acero

Humo de los campos en primavera es uno, humo de las hojas en otoño, otro. Humo de un techo de molino de acero o un embudo de acorazado, todos van arriba en una línea con una chimenea, o se retuercen… en el lento giro… del viento.
Si viene el viento del norte ellos corren al sur. Si viene el viento del oeste ellos corren al este. Por esta señal todos los humos se conocen. Humo de los campos en primavera y hojas en otoño, humo del acero terminado, frío y azul, por el juramento del trabajo ellos juran: ‘Te conozco’.
Cazado y silbado desde lo profundo del centro, hace mucho tiempo, cuando Dios nos hizo, en lo profundo están  las cenizas de donde venimos, tú y yo y nuestras cabezas de humo.
Algunos de los humos que Dios derramó sobre el trabajo cruzan el cielo y cuentan nuestros años y cantan en los secretos de nuestros números, cantan sus amaneceres y cantan sus atardeceres, cantan una vieja canción de fogón: pueden poner el amortiguador arriba, pueden poner el amortiguador abajo, el humo sube por la chimenea igual.
Humo de una línea de cielo en un atardecer de ciudad, humo de un oscuro horizonte rural, ellos cruzan el cielo y cuentan nuestros años.
Humo de un polvo de ladrillo rojo serpentea en espiral fuera de los fustes por una luna oculta y oteando. Esta, dijo el tinglado de barras de hierro al molino floreciente, ésta es la jerga de carbón y acero. La banda de día lo cede a la banda de noche, la banda de noche lo cede de nuevo.

Titubea ante esta jerga, comprendamos la mitad de ello. En los molinos rodantes y laminadores, en el estruendo y el estallido de los fuegos explosivos, el humo cambia su sombra y los hombres cambian sus sombras, cambios de un inmigrante, de un italiano.

Una barra de acero, es sólo humo en el corazón de ella, humo y la sangre de un hombre. Un corredor de fuego corrió en ella, corrió afuera, corrió en alguna otra parte, y dejó humo y la sangre de un hombre, y el acero terminado, frío y azul.
Entonces el fuego corre adentro, corre afuera, corre nuevamente en algún otro lado, y la barra de acero es un arma, una rueda, un clavo, una pala, un timón bajo el mar, un volante en el cielo, y siempre oscuro en el corazón y a través de ella, humo y la sangre de un hombre. Pittsburg, Youngstown, Gary, ellos hacen su acero con hombres.  
En la sangre de hombres y la tinta de chimeneas las noches de humo escriben sus juramentos: humo en acero y sangre en acero, Homestead, Braddock, Birmingham, ellos hacen su acero con hombres. Humo y sangre es la mezcla de acero.  
Los hombres-pájaro sondean en el azul, es acero, un motor canta y zumba.

Alambres de púa de acero alrededor de las obras. Armas de acero en las pistoleras de los guardias a las puertas de las obras. Barcos de mineral de acero traen las cargas aferradas desde la tierra por acero, levantadas y arrastradas por brazos de acero, cantadas en su camino por el tintineo de las conchas de almejas. Los corredores ahora, los manipuladores ahora, son acero, ellos cavan y atrapan y lanzan, ellos levantan sus automáticos nudillos de trabajo en trabajo, ellos son acero haciendo acero. fuego y polvo y aire combaten en los hornos, el vertido está cronometrado, las palancas se retuercen, los desechos son vertidos: transatlánticos en el mar, rascacielos en la tierra, sumergiendo acero en el mar, trepando acero en el cielo: engancho mi brazo en mangas de ceniza, vamos por la calle juntos, es todo lo mismo para nosotros, tú Steve, y el resto de nosotros terminamos en las mismas estrellas, todos usamos un sombrero en el infierno juntos, en el infierno o el cielo.  
Noches de humo ahora, Steve. Humo, humo, perdido en los tamices de ayer, volcado de nuevo en las paladas y las manos hoy. Humo como los relojes y silbatos, siempre. Noches de humo ahora. Mañana alguna otra cosa.
Lunas de suerte van y vienen: cinco hombres nadan en una olla de acero rojo. Sus huesos son amasados en el pan de acero: sus huesos son golpeados en bobinas y yunques y los émbolos chupadores de las turbinas combatientes de mar. Los buscan en el marco tejido de una estación inalámbrica. Así fantasmas se ocultan en acero como hombres fuertemente armados en espejos. Mirones, merodeadores, ellos bailan en sombra en tumbas que se ríen. Ellos siempre están allí y ellos jamás responden.

Uno de ellos dijo: ‘Me gusta mi trabajo, la empresa es buena para mí, Estados Unidos es un país maravilloso’, uno: ‘Jesús, me duelen los huesos, la empresa es una mentirosa, éste es un país libre, como el infierno’. Uno: ‘Tengo una chica, un melocotón, nosotros ahorramos y pusimos una granja y levantamos cerdos y seremos nuestros propios jefes’. Y los otros eran cantantes de cuello rudo a largos caminos de casa. Búsquenlos de nuevo en la puerta de acero de una bóveda.

Ellos se rieron del costo. Ellos levantaron a los hombres-pájaro en el azul. Es un motor de acero que canta y zumba.
En el subterráneo tapones y tambores, en los lentos taladros hidráulicos, en música o grava, bajo ejes de dínamo en las redes de arañas de armadura, ellos danzan sombras y se rién del costo.
Los hornos iluminan una cúpula roja. Carretes de fuego serpentean y serpentean. Cuadrángulos de chisporroteo carmesí. Los azotes del granate moribundo decaen. Fuego y viento lavan la escoria. Por siempre la escoria es lavada en fuego y viento: El himno aprendido por el acero es: Haz esto o ten hambre. Busca nuestro óxido en un arado. Escúchanos en el ruido de un motor de trilla. Busquen en nuestro trabajo en vagón de trigo corriendo.
Fuego y viento lavan en la escoria. Carros de autos, relojes, palas a vapor, lecheras, pistones, pavas, tijeras, oh, la escoria durmiente de las montañas, la escoria pesada, hierro de cerdo, irá por varios caminos. Hombres apuñalarán y dispararán con él, y harán mantequeras y túneles de ríos, y segarán heno en franjas, y cortarán chanchos y despellejarán reses, y dirigirán aeroplanos a través de Norteamérica, Europa, Asia, alrededor del mundo.
Mellado desde un campo de roca dura, roto y cocinado en molinos y fundiciones, el polvo ferrugiento espera hasta limpiar el duro tejido de sus átomos, mutila y embota los taladros masticando un agujero en él. El acero de los zócalos y las bridas es contado, oh Dios, en una millonésima de una pulgada.
Una vez, cuando vi las curvas de fuego, las mujeres de áspera bufanda bailando, bailando afuera de las chimeneas, cabello volador de fuego, pies voladores arriba y abajo, cubos y canastos de fuego explotando y riendo, fuego corriendo salvaje de los firmes y abrochados hornos, chispas crepitando desde un plexo solar de costillas de roca de la tierra tomándose una risa para ellos, orejas y narices de fuego, brazos de gorila de fuego balbuceando, pasteles de barro de oro, alas de ave de oro, chaquetas rojas cabalgando mulas púrpuras, autócratas escarlata tambaleándose desde las jorobas de camellos, zares asesinados a horcajadas de balones vermellón, vi los fuegos titilar uno por uno: adiós: entonces humo, humo; y en las pantallas las grandes hermanas de la noche y las frías estrellas, mujeres sentadas arreglando su cabello, esperando en el cielo, esperando con lentos ojos cómodos, esperando y murmurando a medias: ‘Dado que tú conoces todo y yo no sé nada, díme qué he soñado anoche’.
Telarañas de perla en la lluvia ventosa, en sólo un parpadeo de viento, son atrapadas y perdidas y nunca más conocidas.
Una pileta de brillo lunar viene y espera, pero nunca espera mucho: el viento recoge oro suelto como éste y se ha ido.
Una barra de acero duerme y mira con ojos torcidos a las telarañas de perla, las piletas de brillo lunar, ojos torcidos duermen un millón de años, duermen con un abrigo de óxido, un vestido de polillas, una camisa de tierra y marga recogidas.

El viento jamás molesta… a una barra de acero. El viento sólo recoge… telarañas de perla… piletas de brillo de luna.

 

Carl Sandburg, por HM

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