El difícil arte del periodismo en México, o cómo morir en el intento

Hace tres años la periodista Lourdes Maldonado López se paró ante el presidente de México en una conferencia de prensa y le dijo: “Temo por mi vida”. Ayer, en un apacible domingo en Santa Fe, en las afueras de Tijana, ella fue la tercera periodista del año en ser asesinada, profundizando la crisis que afronta la prensa mexicana, y el gobierno de AMLO.

Maldonado, que trabajó para la cadena más grande del país, Televisa, fue atacada en su auto frente a su casa alrededor de las 6.20 pm. “¡Esto no puede estar sucediendo, mierda!” tuiteó Manuel Ayala, otro miembro de la comunidad periodística de Tijuana, al enterarse de la noticia.

El asesinato de Maldonado ocurrió una semana después del crimen de otro veterano periodista local, el fotógrafo y reportero Margarito Martínez, quien también fue abatido en las proximidades de su hogar en Tijuana, por razones que permanecen turbias. Días después, José Luis Gamboa, otro periodista, fue apuñalado fatalmente en Veracruz.

Activistas de diferentes gremios informaron que ya fueron asesinados más de 50 periodistas desde que AMLO asumió el cargo en 2018. Estos crímenes han impactado en las asociaciones que nuclean a los profesionales del sector, particularmente en Tijuana. Luego de enterrar a su compañero Martínez, los periodistas habían marchado protestando por su estado de indefensión. “Lo más duro fue cubrir la escena del crimen de un amigo. Nunca pensé que esto sucedería” –expresó el fotógrafo Omar Martínez a la cadena Noticias.

Maldonado, cuyo crimen está siendo velozmente investigado, ocupó las portadas de las noticias en 2019 cuando públicamente habló sobre una disputa de largo aliento que tuvo con su anterior empleador –un medio cuyo dueño, Jaime Bonilla Valdez, es un poderoso político regional a quien acusaba de despido injustificado.

En una de las regulares conferencias “mañaneras” de AMLO ella le pidió ayuda para resolver su situación con Bonilla, que es miembro del partido político del presidente. AMLO le respondió entonces pidiéndole a uno de sus jefes de comunicaciones que apuntara la acusación y le ofreciera ayuda. La semana pasada, el medio había informado que estaba dispuesto a pagar por la restitución de Maldonado. Con esto no sugerimos que haya un vínculo entre la disputa laboral y el crimen, pero el hecho de que ella se mostrara preocupada por su seguridad –y el mismo asesinato- llamaron mucho la atención en tierras mexicanas.

El grupo de medios independiente Artículo 19 dijo que Maldonado había sido incluida en un esquema de protección para periodistas amenazados ante sus coberturas sobre política y corrupción.

Dirigiéndose a los reporteros en su conferencia de hoy, AMLO recordó el ruego de la periodista pero dijo que no fue una “cuestión de amenazas o violencia”.  “¿Qué tiene que acontecer en México para que los periodistas puedan trabajar seguros y libremente?” preguntó un cronista al presidente, a quien acusan de hacer poco para detener la violencia contra la prensa.

El presidente de México llamó a conformar una “sociedad más humanitaria y más justa”, pero buscó echarle la culpa “al sangriento y podrido legado neoliberal que ha heredado, condensado en una “profunda crisis económica, social y moral. Estamos saliendo  saliendo de este período de decadencia y violencia” insistió AMLO. “Corrupción, desigualdad y violencia: eso es lo que nos dejaron”.

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