Tazas de café

La demacrada mujer con una tos seca y un amor inmortal susurra de flores blancas… en tu poema derramas como una taza de café, Gabriel.
La muchacha delgada cuya voz se perdió en las ondas de carne apiladas sobre sus huesos… y la mujer que se vendió a tantos hombres y vio sus pechos marchitarse… en dos poemas que derramas como una taza de café, Francois.
La mujer cuyos labios son un hilo escarlata, la mujer cuyos pies se abrazan al infierno, la mujer que giró a un cementerio de sal mirando a las luces de una ciudad olvidada… en sus declaraciones juradas, ancianos judíos, ustedes derraman éstas como tazas de café.
La mujer que tomaba hombres como las serpientes toman conejos, un harapo y un hueso, y una madeja de pelo, ella, cuyos ojos llamaron a hombres a sueños de mar y dientes de tiburón… en un poema tú derramaste esto como una taza de café,  Kip.
Marchando a las candilejas en vestidos de noche con manchas de sangre, marchando en sábanas blancas envolviendo los rostros, marchando con cabezas en el aire ellos regresan, tosen y gritan y desprecian: … en sus poemas, hombres, ustedes derraman aquello como tazas de café.

 

Carl Sandburg, por HM

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