Sueños de fuego

Recuerdo aquí junto al fuego, en los rojos y azafranes parpadeantes, ellos vinieron en una tina destartalada, peregrinos en sombreros altos, peregrinos de mandíbulas de hierro, atravesando corrientes por semanas en mares batidos y los capítulos azarosos dicen que estaban contentos y cantaban a Dios.

Y así desde que los hombres de mandíbula de hierro se sentaron y dijeron ‘Gracias, oh Dios’ por la vida y sopa y un poco menos que una repartija de vagabundo hoy, desde que vientos grises soplaron grises patrones de aguanieve en Plymouth Rock, desde que los hombres de mandíbula de hierro cantaron ‘Gracias, oh Dios’, tú y yo, oh Niño del Oeste, recuerda más que siempre, noviembre y la luna del cazador, noviembre y las colinas moteadas de amarillo.
Y así, en el nombre de los hombres de mandíbula de hierro, me pararé y diré sí hasta que el final haya venido y se haya ido. Dios de todos los corazones rotos, manos vacías, soldados durmientes, Dios de todas las playas de estrellas lanzadas del cielo nocturno, yo y mi niño-amor parados juntos hoy y cantamos: ‘Gracias, oh Dios’.

traducción: Hugo Müller

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