Paisaje de la ciudad de california

Los agentes inmobiliaros en la ladera de una montaña ponen carteles marcando los lotes a ser vendidos allí. Un hombre cuyo padre y madre eran irlandeses corrió a una cabra hasta la mitad del camino a la montaña, hace años él conducía una carreta cubierta, comprendía cómo manejar un rifle, le disparaba a aves, búfalos, indios, en un solo año, y ahora estaba criando cabras alrededor de una chabola. Abajo, al pie de la montaña dos familias japonesas tenían granjas de flores. Un hombre y una mujer estaban en filas de dulces guisantes, recogiendo las flores rosas y blancas para ponerlas en canastas y llevarlas al mercado de Los Angeles. Estaban limpios como lo que manejaban allí en el sol matinal, la gente grande y las caras de bebés. A través del camino, alta en otra montaña, se paraba una casa diciendo ‘Yo soy eso’, una casa que gobierna. Allí estaba el hogar de un famoso director de películas para lujosos interiores de hogar, ropa saqueada de los últimos diseños para mujeres en los combates de ‘masculino contra femenino’. La montaña, el escenario, el diseño del paisaje, y la paz del sol matinal mientras ocurría, las millas de casas embolsilladas más allá del valle, todo merecía ser contemplado, merecía preguntarse sobre ello, cuánto podría durar, cuán joven podría ser.

traducción: Hugo Müller

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