Matones

Yo soy un matón, tú eres un matón, nosotros y todos somos un mundo de matones, tal vez sea así. En los bordes de mis dedos el prurito por otro cuello de hombre, deseo verlo colgando, uno de los dibujos animados del anochecer contra la puesta de sol.

Este es el odio que me dio mi padre, esto había en la leche de mi madre, esto eres tú y yo y todos nosotros en un mundo de matones, tal vez sea así. Dejen que continuemos, hermano matón, dejame matar y matar, siempre ha sido así, siempre será así, no hay nada más que hacer de ello. Deja que continuemos, hermana de matones, matar, matar y matar, los torsos de las madres del mundo son incansables y los lomos de los padres del mundo son fuertes, así que adelante, matar, matar, matar.

Déjenlos en lo profundo del barro, los rígidos que fijamos, los cadáveres zamarreados afuera, pónganlos en lo profundo y dejen que los vientos de la noche o tormentas de invierno aúllen en su servicio fúnebre. Los vientos nocturnos y el invierno, las enormes cortinas blancas de tempestades norteñas, que pueden cantar mejor por los matones perdidos, el viejo réquiem, ‘¡mátenlo, mátenlo!…’
Hoy mi hijo, mañana el tuyo, pasado el del vecino, está todo en las muñecas de los dioses que disparan desperdicios, es la suposición de cualquiera cuyos ojos serán los próximos en cerrarse.
Siendo un matón ahora, tú y yo, siendo todos nosotros un mundo de matones, levantemos el grito cuando la mafia pelea en miles de suelas de zapatos, dejen que nosotros también gritemos estúpidamente ‘¡Mátenlo, mátenlo!…’
Dejen que hagamos esto ahora… por nuestras madres… por nuestras hermanas y esposas… déjenos matar, matar, matar, porque los torsos de las mujeres son incansables y los lomos de los hombres son fuertes.

Chicago, julio 29, 1919.

 

Carl Sandburg, por HM

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