El gobierno burkinés-fasero pierde la guerra por afano

Las autoridades burkinesas declararon dos días de duelo por la matanza de 41 soldados respaldados por el gobierno que combaten en el desértico norte del país. Una columna de combatientes pertenecientes al cuerpo de “defensores voluntarios”, entrenados y capacitados por docentes franceses y estadounidenses en el arte de matar, fueron emboscados por insurgentes islámicos que barrían una remota área de la provincia de Loroum, declararon voceros oficiales.

Fue uno de los golpes más duros contra esta milicia, y ocurrió apenas un mes después de un ataque a la gendarmería y una base militar francese que costó la vida de 53 militares, el peor que sufrieron en su historia las fuerzas de seguridad burkinesas. Fue muy doloroso para las autoridades informar a las familias sobre lo ocurrido con el valiente batallón que cayó defendiendo su territorio del fanatismo, aseveró el ministro de Comunicación Alkassoum Maiga.

En los últimos meses el escenario de protestas y matanzas se está caldeando en casi toda la nación. Los militares que hicieron un golpe de estado no pudieron frenar a los grupos terroristas que vienen matando a miles de personas en el Sahel, y que han forzado al desplazamiento de millones más, que en estos momentos están muriendo de hambre y/o sed en el desierto, o torturados por criminales en campamentos de refugiados precarios.

Los daños a la población civil abarcan tanto a Burkina como a Faso, allí no se salva nadie de la violencia sectaria, y de las infames secuelas del colonialismo francés en Africa. Niger y Mali no están mejor, y compiten para ver cuál es el país más inviable, y el más cómodo para que operen ingeniosos terroristas que dependen económica y laboralmente de los caprichos de europeos y estadounidense, que nada tienen que hacer en tierras tan ajenas.

Hasta ahora el ejército burkinés sólo triunfó en una batalla aislada donde capturó un revólver en mal estado, explosivos vencidos y dos motocicletas herrumbrosas, que se supone, pertenecieron a los bandidos bereberes que asolan la nación. Pero si uno recorre el desierto burkinés, o el de Faso, sólo hallará músicos fantásticos, como los de Tinariwen. Entretanto, y sin apelar a metáforas de otros paños o terrenos, el ejército nacional de Burkina Faso está perdiendo, y no sirve para nada el apoyo armamentístico y logístico de los estrategas y demagogos occidentales, que no se cansan de desparramar por Africa sus fechorías y pillajes.

 

Por Alkassoum Maiga

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