Destello carmesí

Debería clamar a Dios para que me dé una pierna rota. Debería pedirle una cicatriz y una nariz cortada. Debería tomar la última y la peor. Debería ser comido por enredaderas grises en una barraca donde no vaya ningún corredor del sol y no viva ningún perro. Y todavía, de todos los ‘y todavía’ éste es el más fuerte de bronce, debería conservar una cosa mejor que cualquier otra, allí está el acero azul de una gran estrella de la tarde en ella, vive más que un pie roto o cualquier cicatriz. El pie roto se va a un hoyo cavado con una pala o el hueso de una nariz puede blanquearse en la cima de una colina, y todavía, ‘y todavía’, hay una pizca de cenizas carmesí dejadas después de todo, y ninguno de los vientos cambiantes que agitan la hierba y ninguna de las fuertes lluvias que golpean el polvo, saben cómo tocar o encontrar el fulgor de este carmesí. Le ruego a Dios para que me dé una pierna rota, una cicratiz, una muerte miserable. Yo, que he visto el destello de este carmesí, le pido a Dios por la última y peor.

 

traducción: Hugo Müller

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