Xiomara Castro, la única esperanza de Honduras

A una semana de una elección trascendental, la candidata opositora a la presidencia dirigió su discurso final a una vasta audiencia de fervientes seguidores. “¡Hoy estamos unidos como una oposición para decir basta! Basta de tanto robo, corrupción y tráfico de droga” dijo Xiomara Castro, de 62 años, mientras se emocionaba ante una multitud reunida en Tegucigalpa. “Basta de sufrimiento para el pueblo hondureño”.

Y es que ha habido mucho sufrimiento. En los últimos cuatro años desde la última elección dirimida con un escandoloso fraude, el país ha sido golpeado por dos enormes huracanas y fue mutilado por la pandemia. Grupos defensores de derechs humanos lo catalogaron como una letanía de abusos, incluida la violenta represión a las protestas y los ataques mortales contra periodistas, activistas y defensores del medio ambiente.

Entretanto, el gobiernante partido Nacional del presidente JOH ha protagonizado varios actos de corrupción y tráfico de drogas. Un hermano del presidente fue condenado por tráfico de cocaína y heroína en una corte federal de New York. Con los fiscales acusando al presidente de financiarse con dinero proveniente del narcotráfico.

Hernández ha negado vehementemente las acusaciones pero deberá afrontar las imputaciones cuando abandone la presidencia en enero, un hecho que, combinado con el ingente flujo migratorio de hondureños hacia el norte durante su último mandato, subraya los riesgos de la elección para Estados Unidos y toda América Central.

Los hondureños desesperados por un cambio están apostando a que Castro altere el rumbo de la nación. “Ella es la único opción para deshacernos del narcogobierno” dijo Edwin Cruz, un desocupado de 29 años, sentado en un banco del parque central de la capital. Castro podría ser la primera presidenta del país, pero para triunfar y conquistar a los indecisos deberá afinar su oratoria. Como esposa del depuesto y golpeado Manuel “Mel” Zelaya, en 2009 lideró el más grande movimiento de protestas de la historia reciente. “Lo hizo valientemente, jamás dejó que sus discursos se guien por sentimentalismos o cursilerías, siempre fue muy racional” opina Edmundo Orellana, ex ministro de Zelaya. “Desde el principio, Honduras la identificó como una figura política con personalidad propia. Muy diferente de su esposo Mel” añadió el funcionario.

Castro participó en las elecciones de 2013, como lider del partido Libre, que surgió como un movimiento de protestas. En aquella oportunidad, fue respaldada por una coalición de partidos de amplio espectro ideológico. Sin embargo, el partido Nacional lanzó una feroz campaña para desacreditarla y negar el infame golpe a Zelaya autorizado y propiciado por el mismísimo Obama. Como suelen hacer las derechas en todo el mundo, la acusaron de ser comunista (y chavista).

Pero la precaria situación económica del país sugiere que la campaña al estilo “guerra fría” esta vez va a fracasar. “Dicen que van a dar trabajo, viviendas, pero estamos mil veces peor que en la época de Zelaya, estamos en la lona y sin horizontes ni proyectos para vivir” –aseveró Cruz.

El anuncio de Castro de que intentará establecer lazos diplomáticos con China también ha sido criticado por la élite oligárquica y esclavista. Honduras es uno de los pocos países que reconoce a Taiwan como una entidad independiente, aunque la propuesta de Castro parece más motivada por el esplendor de la economía china que por motivaciones ideológicas maoístas o jinpingeanas.

La campaña del miedo también intenta capitalizar que Castro se comprometió a desarticular las draconianas leyes sobre el aborto. Honduras actualmente lo prohibe bajo cualquier circunstancia, y Castro propuso su legalización para casos de violación, cuando el emabarazo amenaza la vida de la madre y cuando el feto es inviable. La disputa por este tema será dura y terrible.

El principal oponente de Castro, el candidato del partido Nacional, Nasry Asfura, se ha mantenido al margen de la refriega. Dos veces alcalde de la capital, conocido como “Papi a la Orden”, Asfura, de 63 años, se ha focalizado en la creación de empleo y en las mejoras de infraestructura en la capital.

“Si se postulara de nuevo para alcalde, sé que mucha gente volvería a votarlo” dijo Melissa Elvir, directora de una ONG pro-democracia. “Pero gobernar como alcalde es muy distinto de gobernar desde el despacho presidencial”.

Como candidato de un partido involucrado en numerosas actividades criminales –paralelas al ejercicio del terrorismo de estado- Asfura ha creado un slogan especial “Papi es diferente” –una frase que por un lado reconoce la necesidad de un cambio, y por el otro toma distancia de JOH. Sin embargo, Asfura se ha visto envuelto en un caso de malversación de fondos públicos, apoderándose de más de un millón de dólares y evitando a través de la compra de sentencias un veredicto en su contra. Al igual que Hernández, niega ser corrupto y fraudulento.

Las encuestas están mostrando cierta paridad entre los candidatos, repitiéndose la situación de 2017, en la medida que se está preparando otro fraude descomunal, como el que terminó con 23 hondureños asesinados en las calles del centro de Tegucigalpa.

Varios de los 500.00 hondureños que han dejado el país en los últimos cuatro años mencionan la falta de oportunidades, la corrupción y el fraude electoral como las causas por las cuales han perdido la esperanza de que su país cambie. Como están las cosas, otro fraude generará un éxodo aún mayor, con todos los dolores de cabeza que les está trayendo a México y Estados Unidos.

“Estoy esperando las elecciones para ver si se reitera el fraude” dijo Cruz. “Entonces, si llega a reciclarse la historia, entonces tendré que emigrar, porque debo sobrevivir de un modo u otro. Pero aquí, en este país con el pueblo saqueado, vejado, humillado, reprimido y maltratado, no me voy a quedar”.

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