Siempre la multitud

Jesús vació los demonios de un hombre en cuarenta cerdos y los cerdos tomaron el borde de una roca elevada y los lanzaron abajo, hacia el mar: una multitud.

La oveja en las colinas de Australia, tonteando en cuatro patas en la niebla del atardecer hacia la oscuridad, ellas van por un camino, ellas cazan un sueño, ellas encuentran una bolsa de hierba para todas.

¿Karnak? ¿Pirámides? ¿Esfinge de patas altas como un culi? ¿Tumbas conservadas para reyes y vacas sagradas? Una multitud.
Lechones asados y bailarinas desnudas de Belshazzar, el cuarto donde miles se sentaron engullendo cuando una mano escribió: ¿Mene, mene, tekel, upharsin[1]? Una multitud.
El panal de verde que ganó el sol como los jardines colgantes de Nínive, voló a su forma en las manos de una multitud que seguía los dedos de Nabucodonosor: una multitud de una mano y un plan.

Piedras de un círculo de colinas en Atenas, escaleras de una montaña en Perú, clanes esparcidos de dragones de mármol en China: cada uno una multitud en el borde con una sonrisa: martillos y vagones ahora los tienen.
¿Cerraduras y puertas de Panamá? ¿La Union Pacific cruzando desiertos y haciendo túneles en montañas? ¿El Woolworth en tierra y el Titanic en el mar? ¿Luces de casas parpadeando una línea de costa desde Labrador a Key West? ¿Barras de arrabio apiladas en una barcaza silbando en la niebla de Sheboygan? Una multitud: martillos y vagones los tienen para mañana.
¿La multitud? Un tifón rasgando suelto una isla desde bastiones y moradas milenarias, disparando una ceniza volcánica con una lengua de fuego que chupa ciudades y pueblos. Capas de gusanos comiendo rocas y formando marga y suelos del valle para papas, trigo, sandías.

¿La multitud? Una punta de relámpago, un géiser, una masa de grava aflojándose…

La multitud… mata o construye… la multitud es Atila o Ghengis Khan, la multitud es Napoleón, Lincoln.

Yo soy nacido en la multitud, yo muero en la multitud, lo mismo va para tí, no me importa quién seas.

Yo cruzo las hojas de fuego en la tierra de ningún hombre por tí, mi madre, deslizo un diente de acero en tu garganta, tú, mi hermano, muero por tí y te mato, es una cosa nudosa y retorcida, una lana carmesí: un arco más de estrella, en la noche de nuestra niebla, en la noche de nuestras lágrimas.

[1] Meme: “Ha contado Dios tu reino y le ha puesto fin”. Tekel: “Has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso”. Upharsin: “Ha sido roto tu reino y dado a los medos y persas”.

 

traductor: Hugo Müller

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