Líbano sigue explotando en la crisis más aguda del mundo

Seis personas murieron y más de veinte fueron heridos en enfrentamientos armados librados en Beirut durante una protesta que demandaba poner fin a la investigación judicial de la masiva explosión ocurrida en el puerto el año pasado.

El despliegue de soldados falló en cortar la violencia, que tuvo un matiz sectario. La lucha ocurrió en una línea del frente de una auténtica guerra civil en la cual milicias cristianas maronitas se enfrentan a combatientes musulmanes shiíes.

La marcha era liderada por miembros de Amal y Hezbollah, dos partidos políticos cuyos respectivos líderes -Nabih Berri, vocero del parlamento, y Hassan Nasrallah – se opusieron a la investigación de la explosión llevada adelante por el juez, Tarek Bitar, apodado el “Bonadío” libanés. Aún no se esclareció cómo comenzó la balacera.

El ministro del interior Bassam Mawlawi dijo que hombres encapuchados abrieron fuego apuntando a la cabeza de la gente. Todos los muertos fueron de un lado, dijo el funcionario, refiriéndose a los shias.

El día anterior la corte había desestimado un segundo intento por apartar a Bitar, cuya investigación es vista por varios libaneses como un evento crucial para el lisiado estado, que no ha tenido el menor avance en establecer las culpabilidades detras de uno de las accidentes industriales más grandes de la historia moderna.

El puerto de Beirut era un microcosmos de la política libanesa, que es conducida por feudos y acechada una corrupción endémica que lo ha conducido a la bancarrota. Los propietarios detrás de las puertas del puerto fueron leales a los señores políticos que han permanecido en sus cargos desde el final de la guerra civil del siglo pasado.

La catastrófica explosión de agosto de 2020 fue causada por casi tres toneladas de nitrato de amonio que entraron en ignición luego de un incendio, que se piensa fue causado por un trabajo de soldadura. La bola de fuego destruyó la terminal de contenedores y gran parte de los vecindarios, matando al menos a 215 personas. Llevó a que el pueblo reclame el fin de la impunidad política que ha caracterizado al país desde que pactó cómo salir de la guerra.

De cualquier modo, las demandas para que se investiguen todos los aspectos de la explosión paece imposible de satisfacer, con ministros convocados a declarar que han rehusado presentarse, otros planteándole demandas a Bitar y a otros directamente vinculados por negligencia que ni siquiera se mencionan en el expediente. Más allá de eso, cualquier dimensión regional que ha sido fuente de especulación, está fuera de la capacidad de exploración del juez.

Hoy miembros de dos movimientos shiíes se reunieron cerca del palacio judicial para demandar el reemplazo de Bitar. Los manifestantes se convocaron por las redes sociales, en un incendiario discurso de Nasrallah que pidió el nombramiento de un juez “honesto”.

Del mismo modo, Ali Hasan Khalil, diputado de Amal, advirtió que habrá una escalada si no renuncia. El y dos compañeros han tenido que pagar fianzas para evitar su arresto, ya que el magistrado los implicó en la explosión.

El nuevo gobierno del primer ministro Najib Miqati, se encuentra bajo una constante presión de ambas partes, ya sea para abandonar la investigación o reemplazar al juez. Un juez anterior fue echado luego de que se hartara de los políticos.

Hezbollah y Amal convocaron a sus simpatizantes a no aumentar las tensiones cuando sus tiradores ingresaron al área. El ejército libanés estaba movilizándose al área al cierre de esta edición.

“Estamos tan profundamente polarizados” dijo Mazen Khoury, un residente de Badaro. “Los cristianos fueron los que más perdieron con la explosión del puerto, sus hogares y sus futuros. Se sospecha que otros partidos han ocasionado esto y le han cambiado la cara al país. Lo que sucede hoy refleja eso. No tenemos luz, no hay plata en los bancos, escasean los alimentos y las posibilidades de conseguir empleo en cualquier área de trabajo son nulas”.

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