Derivaciones del magnicidio de Jovenel Moïse

Están identificados los perpetradores materiales e intelectuales del asesinato de Jovenel Moise (los detalles de sus nombres y cómo lo pergeñaron están hasta en Wikipedia). Con la DEA y la CIA implicadas en el asunto hasta el tuétano, junto con ex soldados y paramilitares colombianos, organizados y nucleados en una agencia de mercenarios conducida por un venezolano gusano, la investigación tuvo sus vaivenes y el crimen en sí, sus cosas raras, como el rito vudú con el que despidieron al trasmundo al presidente.

Más claro no puede ser. Siempre hay que eliminar a los mandatarios que se tornan incómodos para los intereses de Estados Unidos o de empresas transnacionales. Esta práctica es habitual y la mafia dueña de los paraísos fiscales comprende que el juego del capitalismo salvaje consiste en cagar y/o matar gente, con el ejército de Estados Unidos (y la OTAN) amenazando por delante. Y la hipótesis queda absolutamente corroborada ante la denuncia presentada por el ministro del Interior de Bolivia, quien reveló que parte del comando que mató a Moise, estuvo en La Paz con el objetivo de cargarse al presidente Luis Arce, que gracias a Dios y al Wiphala goza de excelente salud. Sí, lo dice una agencia alemana de total confianza y prestigio: “Existió un plan para acabar con la vida del presidente Arce, primero con contratistas paramilitares estadounidenses… y segundo con paramilitares colombianos que después asesinaron al presidente de Haití”.

El ministro dijo que estos últimos llegaron dos días antes de los comicios de octubre del año pasado ganados por Arce y se fueron dos días después. Mencionó al exmilitar colombiano “Germán Alejandro Rivera García, principal responsable de la muerte del presidente de Haití, Arcángel Pretel Ortiz, Ronal Alexander Ramirez Salamanca, Antonio Intriago y Enrico Galindo Arias, paramilitares que después matarían al presidente Moïse”, quienes estuvieron alojados en un hotel en La Paz cerca del palacio presidencial donde juraría Arce.

Entretanto, una banda haitiana secuestró a 17 misioneros (16 estadounidenses y 1 canadiense), y han pedido “un millón de dólares por cabeza”, según anunció el ministro de justicia. Liszt Quitel dijo que el FBI y la policía haitiana están en contacto con los 400 Mawozo –ese es el nombre del clan- que captruó a los misioneros durante un hermoso fin de semana en las afueras de la capital. Entre los secuestrados hay seis mujeres y cinco niños, de edades muy diversas. Es el secuestro más grande de los últimos años, en un contexto donde las bandas y carteles han disparado las cifras de robos, homicidios, secuestros y lavado de dinero mientras el país aún se halla en la crisis derivada del crimen de Moïse y los frecuentes desastres sísmicos.

“Estamos intentando liberarlos sin pagar el rescate. Esta es nuestra línea de acción. Seamos honestos: cuando les dimos dineros, siempre lo usaron para comprar más armas y municiones, y tenernos a nosotros, la policía y al mismo FBI, amenazados, hábrase visto. Me parece que es una buena oportunidad para reventarlos” –declaró el funcionario, medio zombi por la sobrecarga de trabajo.

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