Nueva Haití texana

Migrantes haitianos que buscaban escapar de la pobreza, el hambre y la desesperanza en su país dijeron que no se van a arredrar por los planes de Estados Unidos para devolverlos pronto, mientras más de diez mil continúan acampando en Del Río, una remota ciudad texana. Ayer, Estados Unidos comenzó a organizar vuelos para que regresen a Haití, partiendo tres desde San Antonio a Puerto Príncipe. También bloquearon la salida de la ciudad. Una docena de vehículos policiales se alinearon cerca del puente y el río desde donde han cruzado los haitianos, Ciudad Acuña, en México, durante casi tres semanas. Cintas amarillas bloquean una pequeña represa utilizada para ingresar a Estados Unidos.

Un agente mexicano dijo que los migrantes ya no volverán a cruzar por allí, aunque hay reportes de que todos los días están arribando haitianos al lugar, alojándose debajo del puente. Los estadounidenses les avisaron que los vuelos aumentarán y que despacharán seis por día, a 200 migrantes por avión. Gran cantidad de buses llegaron a Del Río para transportar a los haitianos a los vuelos de expulsión, centros de detención de inmigrantes o cárceles privadas.

La OIM (Organización Internacional de la Migración) preparó puestos en Puerto Príncipe con varios elementos cosméticos y sanitarios para los migrantes retornados. Y se aseguró la presencia de policía para evitar actos violentos. Ariel Henry, actual primer ministro, tuiteó que está preocupado por las condiciones de vida en Del Río, y que los migrantes serán bienvenidos en Haití, y no se los abandonará. Opositores a Henry advirtieron que el país no se encuentra preparado para recibir a estos migrantes y que el gobierno debe detener de inmediato la repatriación.

Mathias Pierre, ministro del interior, coincide con esta mirada, y argumento que la mayoría de los haitianos no puede satisfacer sus necesidades básicas. Y declara: “El sur todavía está conmovido por el último terremoto. La economía es un desastre y no hay empleo. Henry debería negociar con Estados Unidos para frenar estas deportaciones en este momento de agudísima crisis”.

En Del Rio varios haitianos vadearon el ídem para comprar agua, comida y papel higiénico en México y volvieron al campamento. El alcalde de la ciudad, Bruno Lozano, estimó que hay 15.000 migrantes durmiendo allí. Muchos tienen carpas y otros construyeron refugios con cañas gigantes de carrizo. Todos se bañan y lavan la ropa en el río.

No se sabe cómo se amontonó tanta gente en tan escaso tiempo. La cantidad de haitianos que cruzaron desbordó a la patrulla de Del Rio, que debió pedir ayuda a las oficinas centrales en Washington.

Junior Jean, un haitiano que vive en el campamento hace dos semanas, mira a la gente cruzando el río con mercadería mexicana, y nos cuenta que vivió en las calles de Chile por cuatro años, buscando tesoros en los containers de basura. “Todos buscamos una vida mejor” asevera.

Se espera la llegada de refuerzos policiales para esta semana. Enterados del operativo para echarlos, varios migrantes dicen que solicitarán asilo, teniendo en cuenta el reciente terremoto devastador y el asesinato del presidente Jovenel Moise.

“En Haití no hay seguridad. El país está en una crisis política” añade Fabricio, hermano de Junior, instalado en una carpa naranja con su esposa e hijas.

Desde el más terrible terremoto 2010 muchos haitianos emigraron a Estados Unidos desde Sudamérica. Varios hicieron el peligroso viaje a pie, bus y auto, a través de la jungla panameña del Darién.

Nicole Phillips, CEO de un estudio de abogados, dijo que Estados Unidos debería otorgarles el asilo a todos y no precipitarse a expulsarlos. “Estamos ante una crisis humanitaria, ¡esta gente necesita mucha ayuda, y ahora!”.

México está en permanente diálogo con las autoridades haitianas para afrontar la situación y asistir a los haitianos que quieran retornar a su país, pero hasta el momento ninguno se anotó para tal ayuda ni tiene planes de regresar: ya estuvieron bastantes temporadas en el infierno.

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