Interior

En el fresco del tiempo de la noche los relojes recogen los puntos y los resortes principales se aflojan. Necesitarán cuerda. Rabelais en cartones rojos, Walt Whitman en verdes, Hugo en tapas de papel de diez centavos. Aquí ellos se paran en estantes en el fresco del tiempo de la noche y no hay nada… para decir en su contra… o para ellos… en el fresco del tiempo de la noche y los muelles.
Un hombre en pijama de paloma gris. La ventana abierta comienza a sus pies y llega más alto que su cabeza. Ocho pies de alto es el modelo. Luna y niebla hacen un diseño oblongo. Plata a los pies desnudos del hombre. El balancea un pie en la plata de luna. Y no cuesta nada (Un día más de pan y trabajo. Un día más… tantos trapos.)

Los pies desnudos del hombre en plata de luna murmuran “Tú” y “Tú” a cosas ocultas en el fresco del tiempo de la noche, en Rabelais, Whitman, Hugo, en un oblongo de niebla de luna.
Desde la ventana… tierras de pradera. La niebla de luna emblanquece el césped de golf. Más blanca aún es una cantera de piedra caliza. Los grillos continúan chirriando.
Cambian los motores de los coches de desvío de la Gran Occidental, inventan trenes para Weehawken, Oskaloosa, Saskatchewan; el ganado, el carbón, el maíz deben ir en la noche… en las tierras de pradera.
El vapor va a los pulsos, ellos golpean en el fresco del tiempo de la noche. La locomotora va y va… Aquellos latidos de corazón viajan una milla por noche y tocan la plata de la luna en la ventana y las piedras de afilar del hombre. No cuesta nada.
Rabelais en cartones rojos, Whitman en verdes, Hugo se paran en estantes en el fresco del tiempo de la noche y los relojes.

 

traducción: Hugo Müller

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