El hombre de la pala

Colgada de su hombro hay una manija a medio camino, atadas en un gran nudo a la pala de hierro fundido están los overoles desteñidos por el sol y la lluvia en las zanjas, salpicaduras de arcilla seca tiñendo de amarillo su manga izquierda y una delgada camisa abierta en la garganta, lo conozco como un hombre de la pala, un extranjero trabajando por un dolar con sesenta por día, y una mujer de ojos oscuros en el viejo país sueña con él como uno de los hombres listos del mundo con un par de labios frescos y un beso mejores que todas las uvas silvestres que siempre han crecido en Toscana.

traducción: Hugo Müller

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