Dinamitador

Me senté con un dinamitador en la cena en un salón comedor alemán comiendo bife y cebollas. Y él se reía y contaba historias de su esposa e hijos y la causa de su labor y la clase trabajadora. Era la risa de un hombre inconmovible conociendo la vida como una cosa rica y sangrienta. Sí, su risa sonaba como el llamado de pájaros grises con una gloria de alegría embistiendo su alado vuelo a través de una tormenta. Su nombre estuvo en varios periódicos como un enemigo de la nación y pocos celadores de iglesias o escuelas le abrirían la puerta a él. Sobre el bife y cebollas no se dijo una palabra de sus días y noches profundos como un dinamitador. Sólo yo lo recuerdo siempre como un amante de la vida, amante de niños, amante de toda la risa libre, atronadora, en cualquier parte, amante de corazones rojos y sangre roja sobre el mundo.

 

traducción: Hugo Müller

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