Bukele, líder de la culesterolemia mundial

Entre las coloridas casas de Comunidad Iberia, un pauperizado barrio de San Salvador, el oscuro Cubo (Centro Urbano para el Bienestar y Oportunidades) es una delicada pieza arquitectónica. Adentro los niños toman clases de arte, leen en la biblioteca y juegan online. Afuera, un mural representa a Armando Bukele, el padre del presidente de El Salvador, exhortando a los salvadoreños a “vivir con amor y responsabilidad”.

Futurista y débilmente omino, el Cubo es un tributo a la presidencia de Nayib Bukele. Desde aque accedió al poder en junio de 2019, el publicista de 40 años adoptó el bitcoin como moneda legal, uso sus cuentas de redes sociales para generar porcentajes de aprobación que son la envidia de los presidentes de todo el mundo, e introdujo medidas autoritarias para socavar a la oposición política.

En su primer discurso en la asamblea general de la ONU, se sacó una selfie en el podio y le dijo al público que “un par de imágenes en Instagram tienen un mayor impacto que cualquier discurso en esta asamblea”. Entonces el actualizó su siempre cambiante bio en Twitter y escribió “el dictador más cool del mundo mundial”. Pero cada vez más salvadoreños sospechan una verdad más oscura detrás de su arrogancia.

La semana pasada miles de personas tomaron las calles de la capital para protestar contra su autoritarismo, destruyendo máquinas que transaccionan con bitcoins recién instaladas. Fue la última señal que su alto índice de aprobación –que llegó a exceder el 80$- ha comenzado a desmoronarse.

Luego de ganar la presidencia con el 53% de los votos, Bukele se benefició del enojo popular por el auge del crimen organizado, la corrupción y la incompetencia de los partidos tradicionales. Los Cubos –que ya suman más de 20 en toda la capital- son el rostro amigable de su “plan de control territorial”, que también comprende el rearme de las fuerzas armadas –que lo apoyaron en febrero de 2020, con su nuevo armamento en mano, para disuadir a la oposición de resistirse a sus planes. En aquel momento Bukele dijo: “Pienso que está bien claro quién está en control de la situación”.

A traves de aquellas medidas y un pacto secreto con las pandillas más bravas del país, Bukele logró reducir la tasa de homicidios a su índice más bajo de la historia. Su decisión de someter a juicios a miembros de los partidos opositores por actos de corrupción también le mereció un amplio apoyo de la ciudadanía.

“Bukele dio vuelta la tortilla” dice Edwin Ramos Siguenza, un trabajador del sector turístico. “Hoy no son los salvadoreños los que sienten la presión sino las clases políticas que han escondido su corrupción detrás de las leyes, ellos son los que están abochornados”.

Pocos líderes han navegado la crisis del Covid-19 tan en beneficio propio como el presidente salvadoreño. “La pandemia fue una bendición para Bukele” opina Carlos López Bernal, profesor de historia de la Universidad de El Salvador. “El presentó un escenario apocalíptico donde la única solución, supuestamente, fue darle al presidente todo lo que pidiera. Más dinero y más poder”.

Aún luego de un leve retroceso en respuesta a su apurada y errática ley de bitcoin, la aprobación de Bukele permanece por encima del 75%, impulsada por las promesas de inversiones chinas en grandes proyectos de infraestructura y una campaña de vacunación ejemplar en la región.

“Lo interesante de Bukele es su capacidad para capitalizar el desencanto popular hacia los partidos políticos sin proponer nada” dice López Bernal. “No le interesa la ideología y no hay pensamiento político en su plan para el país”.

Como ejecutivo de marketing que va a trabajar en jeans apretados y gorra de beisbol, Bukele documenta meticulosamente cada victoria política en su prolífica cuenta de Twitter, con una familiaridad para el Internet vernacular que escapa a la de la mayoría de los políticos. Tras anunciar la ley del bitcoin, actualizó su foto de la red social agregándole los “ojos láser” de los fanáticos de las criptomonedas, y cuando el país compró por primera vez bitcoins, el valor de la moneda cayó un 17%, lo cual lo instó a anunciar que iba a persistir en su plan de compra.

Para Bukele los fines justifican los memes. Usó su popularidad para consolidarse y quizás extender su permanencia en el poder. Este año obtuvo una supermayoría en las elecciones legislativas, y en poco tiempo ha logrado reemplazar a los jueces de la corte suprema, y echar a todos los jueces mayores de 60 años. También creó una atmósfera hostil para la prensa.

Además de su inclinación por las gafas de aviador, Bukele tiene mucho más en común con los históricos dictadores centroamericanos que lo que inicialmente se aprecia con los ojos. “Sus tácticas son idénticas a las de los dictadores. Está poniendo a gente fiel en puestos clave, usando la intimidación contra la legislatura y la oposición, y agrediendo a los periodistas que lo cuestionan”.

La meta de Bukele es dictar una nueva constitución. Los jueces que puso en la corte suprema ya lo habilitaron a la reelección indefinida, a diferencia de lo que ocurrió en los ajetreados vecinos Honduras y Nicaragua, que aún cuentan con presidentes firmemente atrincherados en el poder.

“Bukele aprovechó el bicentenario para imponer sus proyectos megalómanos” considera López Bernal. “Su ejemplo puede resultar nefasto para la región. Sus acciones animarán a otros políticos a manipular y violar sus constituciones a su antojo” remata el analista. Estos son los riesgos de caer en la peor de las culesterolemias.

Nota aclaratoria: La culesterolemia es la enfermedad que se atribuye a las personas extremadamente cool, al punto de la ridiculez, el absurdo o la mera estupidez humana.

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