Bolsonaro suspende Argentina-Brasil e inicia guerra civil

Marcos Watanabe vive en Sinop, un pueblo agrícola amazónico que es un bastión bolsonarista. El milita el bolsonarismo con pasión y arenga: “El es el presidente del pueblo”. El director la Federación Agraria del pueblo va más allá en su bolsonarismo y colgó un cartel en la puerta de su casa: “Creemos en Dios y valoramos la familia. Estamos con Bolsonaro”.

“Está intentando cambiar Brazil” dice Watanabe, un empresario sojero que albergó al presidente en su casa el año pasado en un evento al que acudió toda la élite sinopera.

Redivo es uno de los millones de devotos de Bolsonaro que piensan llenar las calles el 7 de septiembre en una serie de actos que van a agitar el escenario político brasileño en el día de su independencia, amenazando con armas, actos violentos y linchamientos virtuales a todos sus opositores.

“Será la marcha más grande de la historia de Brasil” dice Watanabe, que se está entrenando para ir a pie hasta Brasilia, donde se congregará la vanguardia bolsonarista.  Veinte omnibus partirán desde Cuiabá, y de otros centros sojeros, donde la dilución de regulaciones ambientales y su retórica anticomunista lo han elevado a la categoría de héroe.

Otra manifestación gigantesca se realizará en São Paulo. Para Redivo las marchas han de defender al acosado líder cuya popularidad descendió estrepitosamente por la gestión de la pandemia del coronavirus, que ya mató a más de 580.000 brasileños, y por acusaciones de corrupción que involucran a su familia y el gobierno –que es casi lo mismo-.

“Estoy enojado por los ataques que está recibiendo nuestro presidente de la maldita izquierda. Me cuesta entender cómo denigran la imagen del país en el que viven. Estos tipos no tiene idea de patriotismo ni el más mínimo sentimiento de brasileidad” –expele el bolsonarista sojero.

Y las demostraciones han avivado la ira y la inquietud entre los enemigos políticos de Bolsonaro, quienes temen que haya violencia radicalizaeda y bolsonaristas con armas de fuego –entre ellos muchos policías- inundando las calles. Algunos creen que la movida será la versión brasileña del ataque de trumpistas al Congreso estadounidense en Washington. Algunos creen que Bolsonaro, un ex soldado conocido por su admiración de líderes autoritarios, está planeando un autogolpe, a través del cual asumirá poderes dictatoriales.

Más de 5.000 policías serán desplegados para proteger el Congreso de las huestes bolsonaristas. Líderes de la izquierda advierten a sus seguidores que eviten enfrentamientos y no armen “contra-protestas”, mientras el embajador estadounidense le dijo a los ciudadanos que se mantengan al margen.

El jueves, el presidente de la Corte Suprema, Luiz Fux, dijo que la gente debe precaverse de “las consecuencias judiciales de sus actos”, cualquiera sean sus inclinaciones políticas. “La libertad de expresión no incluye la violencia y amenazas” advirtió Fux.

Ilham Redivo, otro adepto a Bolsonaro, dijo que las protestas se dirigen a los políticos y la corte suprema que están obstaculizando la cruzada patriótica de Bolsonaro para liberar al país de la garra de saqueadores de la izquierda.

“Este es un movimiento de ciudadanes levantándose” insistió Redivo, a pesar de que la policía federal visitó la casa de otra influyente figura local –el presidente de la Asociación Brasileña de Cultivadores de Soja-, como parte de una investigación porque el líder sojero incitó a la violencia y a cometer actos antidemocráticos.

Otros observadores consideran que las manifestaciones están diseñadas para ayudar a Bolsonaro a proyectar una falsa sensación de fuerza en lo que es su momento más débil desde que inició su presidencia en enero de 2019. Las encuestas muestran que más del 60% de los brasileños no lo votarían bajo ninguna circunstancia el año que viene, con el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva aventajándolo por más de 20 puntos. Hasta en ciudades amazónicas como Sinop, donde están los más feroces defensores del presidente, el apoyo se está esfumando, incluyendo varios anuncios con propaganda de Bolsonaro que han sido vandalizados.

Graciele Marques dos Santos, la única concejala de izquierda de Sinop, admite que muchos granjeros y evangelistas continúan respaldando a Bolsonaro. “Lo ven como un mensajero de Dios” –dijo la concejala.

Pero la política del PT (Partido de los Trabajadores) cree que la desilusión está creciendo, y ve que la encendida retórica radical de los bolsonaristas es una prueba de que saben que su presidencia está en problemas. “No creo que que goce el mismo nivel de apoyo al que estaba acostumbrado, y eso explica su desesperación. Puedes ponerle cualquier adjetivo negativo que se te ocurra. El es espantoso. Puso a nuestro país en una situación de auténtica desgracia”.

El presentador de TV Tony Lennon, bolsonarista declarado, coincidió en que siente que el presidente está perdiendo apoyo como resultado de la inflación, el alza del precio de los combustibles, y una crisis de Covid que se llevó muchas vidas. “Fue un efecto dominó. Del 80% de sinopenses que lo apoyamos en 2018, ahora quedan muchos menos”.

En otros sitios el apoyo ha caído más dramáticamente, con millones de personas sumándose a protestas anti-bolsonaristas desde mayo.

Thomas Traumann, comentarista político, sospecha que Bolsonaro ha caído en la cuenta de que sus chances de reelección se evaporaron y decidió pasar a la ofensiva. Sobre las marchas del 7, opinó: “Es intimidación. Es mostrar ‘si tengo ganas puedo dar un golpe. Tengo a la gente de mi lado. Tengo al ejército conmigo. Tengo a la policía militar bancándome. Tengo a la gente de Dios apoyándome. Tengo a la gente que produce de mi lado. Somos el verdadero Brasil, ni siquiera tenemos que hacer elecciones si yo no lo deseo’”.

Maria Cristina Fernandes, columnista de Valor Econômico, dijo que las demostraciones reflejaron la aparente alarma de Bolsonaro ante la perspectiva de que él o sus hijos enfrenten la cárcel como resultado de las investigaciones por acuerdos políticos y financieros, y el manejo anticientífico del Covid.

Una investigación del Congreso está analizando su respuesta a la pandemia mientras frescas acusaciones de corrupción envuelven a su ex mujer y dos hijos políticos. “En todos lados hay mugre de sus hijos” dijo Fernandes, quien cree que el presidente tiene razón en pensar que su futuro post-presidencial podría colocarlo tras las rejas.

Fernandes está preocupada por el comportamiento de los bolsonaristas y de la policía militar. “En los dos años y medio que ha estado en el poder él relajó las leyes sobre armas. Armó a población civil, y ellos estarán allí, armados y en las calles. Las arengas del presidente son temerarias, escalofriantes.  No hay la menor señal de que se morigeren. Su última declaración al respecto fue: “Si desean paz prepárense para la guerra”.

Fernándes prosigue su análisis: “Pienso que habrá tragedia. La gente aquí está muy enojado. La cabeza de nuestra nación es alguien que incita el odio y la violencia. Es horrible, un espanto”.

Mientras se prepara para la marcha a Brasília, Redivo rechaza la idea de que los bolsonaristas atacarán la suprema corte o el congreso. “Esto no va a suceder. No es nuestro estilo y nunca lo ha sido. Salimos a las calles para promover el bien, no el mal, yo soy parte de un movimiento cívico ordenado” aseveró el sojero. Pero Redivo espera que las protestas dejen una marca indeleble: “Creo que será el movimiento más grande la historia brasileña. Estaremos allí para defender a nuestro padre de la patria y a nuestra bandera” –fueron sus últimas palabras al despedirse.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *