A un lanzador de pavadas contemporáneo

Tú vienes… desgarrando tu camisa… gritando sobre Jesús. ¿Dónde conseguiste ese material? ¿Qué sabes sobre Jesús? Jesús tenía un modo de hablar suave y afuera de unos cuantos banqueros y altos mandos entre los estafadores de Jerusalem, a todos les gustaba tener a este Jesús cerca porque él jamás dio ningún paso en falso y todo lo que él decía ocurría y él ayudó a los enfermos y le dio esperanza a la gente.
Tú vienes chorreando palabras, sacudiendo tu puño y llamándonos a todos condenados tontos, tan feroz la espuma babeante sobre tus labios… siempre balbucenado que nos iremos todos derecho al infierno y que lo sabes todo.
Yo he leído las palabras de Jesús. Sé lo que dijo. No me atemorizas. Tengo tu número. Sé cuánto sabes sobre Jesús. El nunca se acercó a gente limpia o sucia pero ellos se sentían más limpios porque él venía. Fue tu grupo de banqueros, hombres de negocios y abogados el que contrató a los asesinos y matones que pusieron a Jesús fuera de carrera.
Yo digo que el mismo grupo respaldándote fue el que clavó los clavos en las manos de este Jesús de Nazareth. El se había alineado contra Jesús, los mismos ladrones y forzudos que ahora se alinean contigo pagando tu camino.
A este Jesús era bueno verlo, olía bien, se escuchaba bien. El lanzaba algo fresco y hermoso desde la piel de su cuerpo y el tacto de sus manos allí donde pasara.

Tú, baboso lanzador de pavadas, tú pones una mancha en cada flor humana al alcance de tu aliento podrido eructando sobre el fuego del infierno e hipando sobre este hombre que vivió una vida limpia en Galilea.
¿Cuándo vas a dejar de hacer que los carpinteros construyan hospitales de emergencia para mujeres y chicas enloquecidas con los nervios destrozados por tu farfullado sobre Jesús? Te lo digo de nuevo: ¿Dónde conseguiste ese material, qué sabes tú de Jesús?
Ve y rompe todas las sillas que desees. Golpea un vagón entero cargado de muebles en cada performance. Gira sesenta saltos mortales y párate sobre tu loca cabeza. Si no fuese por el modo en que atemorizaste a las mujeres y niños sentiría lástima por tí y pasaría el sombrero. Me gusta observar un buen trabajo de rubores, pero no cuando él comienza a hacer que la gente vomite y llame a médicos. Me gusta un hombre que tiene nervio y puede lograr una grandiosa performance original, pero tú, tú eres sólo un insecto, un vendedor ambulante de evangelio de segunda mano, tú sólo estás metiendo una falsa imitación de los bienes que este Jesús quería libres como el aire y la luz del sol.
Tú le dices a gente viviendo en chabolas que Jesús está viniendo para arreglarlo todo dándoles mansiones en los cielos luego de que estén muertos y los gusanos los hayan comido. Le dices a muchachas de tiendas de departamento por seis dólares a la semana que todo lo que necesitan es a Jesús, tomas a un adicto con confianza de acero, muerto sin haber vivido, gris y encogido a los cuarenta años, y le dices que mire a Jesús en la cruz y él estará bien. Le dices a gente pobre que no necesitan más dinero en el día de paga y aún si es feroz estar sin trabajo, Jesús arreglará muy bien eso, muy bien, todo lo que tienen que hacer es tomar a Jesús del modo en que tú dices. te estoy diciendo, Jesús no se pararía por el material que estás manejando. Jesús lo tocaría diferente. Los banqueros y abogados de Jerusalem tienen sus matones y asesinos para que vayan tras Jesús, sólo porque Jesús no jugaría su juego. El no se sentaría con los grandes ladrones.
Yo no quiero un montón de charla de un lanzador de pavadas en mi religión. No tomaré mi religión de ningún hombre que nunca haya trabajado excepto con su boca y jamás haya apreciado cualquier recuerdo excepto el rostro de una mujer en un dolar de plata americano.
Te pido que vengas y me muestres dónde has estado derramando la sangre de tu vida.
He estado en este suburbio de Jerusalem que ellos llaman Gólgota, donde lo clavaron, y sé si la historia es cierta que era sangre verdadera la que corrió de sus manos y los clavos, y era sangre real salpicada en gotas rojas donde la lanza del soldado romano embistió entre las costillas de este Jesús de Nazaret.
traducción: Hugo Müller

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