Pepin y Assange: la contracara de la basura judicial y el imperialismo grotesco

Uno, mano derecha del ex presidente argentino Macri, para cometer todo tipo de delitos de cuello blanco y desfalcos al estado nacional. El otro, el editor de Wikileaks que dio a conocer el trasfondo de alcantarilla y cretinismo de los servicios diplomáticos –militares y civiles- de Estados Unidos en todo el planeta.

Rodríguez Simón, amparado por el gobierno uruguayo –uno de los más cipayos y afines ideológicamente con el macrismo-, ha solicitado asilo político en el país vecino, denegado para la gilada. Lo más patético del asunto, es que sólo se lo ha citado a declarar, motivo suficiente para que Pepín se sienta un perseguido por las autoridades judiciales argentinas, cuando en los hechos, la Corte Suprema y los tribunales de casación han evidenciado en sus fallos que continúan sumisos y a la orden de lo que indiquen Macri o la embajada estadounidense. En otros términos, Pepín no corre riesgo alguno en Argentina, y podría hacer las fechorías que seguramente está practicando en Uruguay sin que lo molesten demasiado. Todos sus compañeros del gobierno de Macri –e incluso su jefe- le dijeron que era ridícula su petición y postura, y que debía afrontar como un hombre las inquisitorias de los jueces y fiscales. A pesar de ello, el operador judicial y diseñador de extorsiones sabe que sus pares uruguayos lo van a “bancar”, aún cuando le han denegado el asilo, y jamás lo van a entregar a una Interpol más que perezosa. Su status de prófugo no ayuda a darle limpieza a su pasado como creador de los más sofisticados delitos cometidos por la mafia macrista. De cualquier modo, ésta se apronta para disputarle terreno al tándem Fernández-Fernández, que se ha visto impotente para sacar al país de la catástrofe económica, social y cultural a la que lo ha conducido la gestión de Macri, más allá de los avatares padecidos por la pandemia de Covid-19. Entretanto, Pepín se atrinchera en un balneario uruguayo y puede gastar lo pillado y disfrutar de un exilio uruguayo compartido con otro referente –y think tank- del macrismo, la conductora y ex vedette Susana Giménez.

No la está pasando tan bien Julian Assange. Las autoridades británicas continúan reteniéndolo ilegalmente, sometiéndolo a toda clase de torturas psicológicas que lo han enloquecido. El ahora no tiene ganas de retomar el proyecto de Wikileaks. Entregado por el infame traidor Lenín Moreno, otro ex presidente que se resiste a rendir cuentas de los descalabros y sinvergüenzadas realizadas en ejercicio de la primera magistratura, el periodista australiano ni siquiera desea navegar por Internet o invertir en criptomonedas. Está deprimido por el estado de descomposición del mundo, y ya no le importa que lo extraditen a Estados Unidos, si ahí tiene asegurada una muerte –aunque sea violenta- que lo saque del entuerto y fárrago en que se ha convertido su causa. El sistema y conglomerados de medios en los que él confió, la prensa progresista occidental, resultó ser un refugio de lo más vil y abyecto de la profesión. En efecto, hoy son la avanzada que impone la agenda e intereses de Estados Unidos –y su patota europea- en cada rincón del recalentado planeta, junto con sus aliados de las big tech y redes sociales. Publicaron los Wikileaks mas no criticaron las aberraciones reveladas. Nadie se escandalizó y a todos les pareció válido –y hasta oportuno- que Estados Unidos organice y ejecute golpes de estado e instrumente el lawfare para atacar a los gobiernos renuentes a acatarlo. Esto en América Latina se demostró de un modo patente; sin embargo, las piezas judiciales y políticas siguen funcionando como en el siglo pasado. Assange confió en Ecuador y el proyecto de Correa se ha desdibujado. Brasil sigue gobernado por un energúmeno criminal, en Perú someten a un calvario al maestro Castillo, y en Bolivia la derecha está planificando un nuevo golpe, apoyada por la OEA y los enviados estadounidenses a la región. ¿Qué ganas de vivir puede tener Julian Assange con todo ello? Creemos que ninguna. En cambio, Pepín está lo más pancho, en Punta, con su teléfono satelital protegido por un antivirus israelí para comunicarse directamente con el capo mafia, o con el presidente uruguayo Lacalle.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *