Idiocracia: una perturbadora mirada profética a nuestra era de estupidez

¿Estamos viviendo en la era de la estupidez, la era del idiota? La respuesta por supuesto es sí, con ejemplos de monstruosa imbecilidad por todas partes –desde los negadores a la multitud “plandémica” que cree que el Covid-19 fue cocinado en el sótano de Bill Gates-. Por otro lado, los seres humanos siempre han sido criaturas ilógicas. Una pregunta mejor es si, como especie, nos estamos transformando en más tontos. Si ésta ya es la era de la idiotez, ¿qué viene después?

Una “Idiocracia”, de acuerdo al realizador Mike Judge. Esta comedia de 2006, codirigida con Ethan Coen, llegó con su propia terminología para ayudar a prepararnos para el reality de TV especial que puede llamarse El Colapso de la Realidad.

Sugiriendo que los imbéciles, más que los nerds, heredarán la tierra, y que los resultados serán catastróficos, el film comienza con una introducción al contexto tan real que duele. Judge hace un corte entre una discusión de una pareja adulta, inteligente, sobre por qué no tendrían hijos ahora (“no con el mercado del modo en que se comporta”) y… una pareja menos inteligente alimentándose como conejos (“Pensé que tomabas la píldora o alguna mierda”).

Observando que la “evolución no necesariamente recompensa a la inteligencia”, el narrador explica que “sin ningún otro depredador natural para adelgazar su rebaño, simplemente comenzó a recompensar a aquellos que más se reprodujeron, y dejó que el inteligente se transforme en una especie en riesgo”.

En la era actual no puedo evitar pensar en las mujeres que rehúsan tener hijos, adoptando una respuesta razonada a la crisis climática, mientras hordas de la plebe rehúsan aceptar siquiera que es un problema. También la famosa cita de Charles Bukowski: “El problema del mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de confianza”.

La historia sigue al meloso Joe Bauers (Luke Wilson), seleccionado por el ejército de Estados Unidos para participar en un experimento de prueba de hibernación criogénica. El ha sido elegido porque es promedio en cada modo: coeficiente intelectual medio, personalidad inofensiva promedio, incluso pulsaciones de corazón promedio. Ubicado adentro de una máquina, se espera que despierte un año después. El experimento sale mal, y en vez de eso Joe y su compañera –una trabajadora sexual llamada Rita (Maya Rudolph)- emergen 500 años después. Es el año 2505 y ahora Joe es la persona más inteligente de la tierra por un amplio margen.

El ambiente se ha derrumbado y la basura está apilada en altos montículos, como las montañas de basura en WALL-E. En el hospital, un doctor de contundente fumar (Justin Long) se conmueve porque Joe no tiene un código de barras en su hombro, como todos, y pregunta “¿por qué viene sin tatuaje?” El es uno de los más elocuentes, la mayoría habla un dialecto masacrado que combina gruñidos, insultos y palabrotas.

Esta perturbadoramente cómica película podría ser tan horripilante como 1984 o Un mundo feliz, pero toma un camino diferente –enfatizando los peligros de la incompetencia colectiva más que la opresión del estado-. Su entrada al sitio Urban Dictionary dice: “Una película que originalmente fue una comedia, pero devino documental”.

En una entrevista de 2017, discutiendo el fin de la corrección política, Terry Crews –que hace del presidente Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho– describió a Idiocracia como “tan profética en varios modos que realmente asusta a la gente”. Cuando Camacho suelta rondas de un rifle automático para llamar la atención en la Cámara de Representantes (ahora llamada “Casa de Representin”) es difícil no pensar en el carnaval que se tornó la política estadounidense bajo Trump.

Muchos gags visuales y verbales destacan un infierno capitalista, cuyo lenguaje básicamente se transformó en una función de la publicidad. Por ejemplo, vemos un cartel con la perorata: “Si no fuma Tarrlytons … ¡Fuck you!” Cada vez que los clientes ingresan a Costco, una empleada en la puerta saluda con: “Bienvenido a Costco, te amo”.

La cadena de restaurants Fuddruckers ha cambiado su nombre a Buttfuckers. El show más popular de la tele se llama ¡Oh, mi culo!, y el ganador actual del Oscar es una toma sola, intacta, de un culo desnudo. Una bebida deportiva del tipo Gatorade, se llama Brawndo (el “mutilador de la sed”), habiendo reemplazado al agua, la gente incluso riega los cultivos con eso (que por supuesto no crecerán más). Fox News es la única fuente de noticias.  Starbucks ofrece pajas.

La salvaje crítica del film a la corporatización puede ser la razón por la que a 20th Century Fox, su distribuidora, se le enfriaron los pies y efectivamente la enterró, lanzando Idiocracia en los cines suficientes (sin más que un trailer teatral) para satisfacer los requerimientos contractuales. El film creció con el tiempo y se transformó en un ícono cultural, replicando el éxito previo de Judge, Office Space (que también había alcanzado popularidad en lanzamientos domésticos).

Las bromas fluyen gruesas y rápido, y la premisa, como un pequeño puede notar, nunca envejece. El mensaje subyacente, por supuesto, es que los humanos deberían tomar seriamente ciertas cosas como la ciencia, la investigación y el conocimiento, a menos que creemos nuestra Idiocracia.

¿Hemos escuchado la advertencia? En la cacofonía de la existencia moderna, con tanta estupidez volando sobre nosotros desde tantas direcciones, es difícil ser optimista. Un día los futuros humanos podrían muy bien preguntar –siempre y cuando sean capaces de formar una oración- por qué no la escuchamos.

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