Hechos cumplidos

Cada año Emily Dickinson le enviaba a un amigo el primer pimpollo de su jardín.

En su última voluntad y testamento Andrew Jackson legó a un amigo con el don del bolsillo espía de vidrio de George Washington.
Napoleon también, en un último testamento, mencionó un reloj de plata tomado de la habitación de Federico el Grande, y le cedió este trofeo a un amigo particular.

O’Henry tomó un clavel de sangre de la solapa de su abrigo y se lo dio a una campesina que comenzaba a trabajar en un bazar de frijoles, y garabateó: “Las flores de melocotón pueden o no permanecer rosadas en el polvo de la ciudad”.

Así va. Compramos algunas cosas, otras no.

Tom Jefferson estaba orgulloso de sus rábanos, y Abe Lincoln ennegreció sus propias botas, y Bismarck llamó a Berlín un desierto de ladrillo y periódicos.

Así va. Hay hechos cumplidos. Van, van, van sobre los nuevos grandes dirigibles, cruzan océanos inexplorados, circulan el planeta. Cuando regresen nosotros podremos sentarnos junto a cinco malvarrosas. Deberíamos escuchar a los muchachos peleando por mármoles. El saltamontes nos parecerá bueno.

Así va…

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *