Auto detenido

Vengan, historietistas, cuelguen una correa conmigo aquí a las siete de la mañana en un auto detenido.

Tomen sus lápices y dibujen aquellos rostros. Intenten con lápices aquellas caras torcidas, aquella calcamonía de un cerdo en un rincón –su boca-, aquella muchacha de fábrica –sus mejillas sueltas-.

Encuentren para sus lápices un modo para marcar su memoria de cansados rostros vacíos.
Luego de su noche de sueño, en el húmedo amanecer y el fresco rompimiento del día, rostros cansados de deseos, vacíos de sueños.
traducción: Hugo Müller

 

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