El gobierno chileno continúa con su persecución y matanza de mapuches

El líder mapuche Alberto Curamil, reconocido por su lucha por la defensa de la tierra y los derechos humanos de su pueblo, fue gravemente herido por la célebre –y a la vez funesta- fuerza de Carabineros.

Curamil, ganador del prestigioso GEP (Goldman Environmental Prize), también conocido como “Nobel verde”, fue abandonado con 18 perdigones de escopeta incrustados en su cuerpo luego de que la policía persiguió su camión y abrió fuego tras una protesta contra un incendio provocado a una vivienda mapuche en un terreno disputado en el sur de Chile. Ex ganadores del premio como Craig Williams y Alfred Brownell le escribieron al presidente Sebastián Piñera, y al embajador estadounidense, Alfonso Silva Navarro, para acelerar una pronta investigación y castigar a los culpables.

Otras organizaciones están reclamando a las autoridades chilenas por el ataque y el incendio al hogar de otra líder mapuche, Elena Paine, que despertó la protesta donde Curamil fue herido. Esto ocurre un año y medio después que las autoridades chilenas buscaban encarcelarlo por 50 años por un robo armado en 2019, a pesar de que ninguna evidencia física lo vincula al crimen (sin embargo, es una práctica habitual del terrorismo de estado encarcelar líderes indígenas acusándolos de robos o asesinatos que cometen lúmpenes o mercenarios al servicio de la policía; tal como hicieron con el líder mapuche argentino Facundo Jones Huala)

Hermanos y amigos de Curamil dijeron que el gobierno quiere silenciarlo, y que la balacera que recibió fue aviesa, salvaje y premeditada. El año pasado había sido absuelto de todos los cargos. Dos años antes, había logrado detener la construcción de dos represas hidroeléctricas en un río sagrado, logro por el que le otorgaron el jugoso GEP.

De este modo, si no sortea airoso las escasas chances que tiene de sobrevivir, se va a sumar a una larga lista de líderes ambientales que lograron detener dañinos megaproyectos en territorios ancestrales, pero cuyo éxito les costó la vida, siendo los más prominentes Berta Cáceres, asesinada en 2016 –con los asesinos aún impunes en la pavorosa Honduras del narco Hernández- e Isidro Baldenegro, asesinado en 2017 por oponerse a la tala ilegal en México.

Curamil asistió a una protesta el 29 de april cerca de Perquenco, en la Araucanía, donde vive la mayoría del millón y medio de mapuches, quienes se disputan tierras con el estado chileno y terratenientes corporativos. Los manifestantes quemaron neumáticos e hicieron barricadas en la Panamericana –una forma común de protesta en el país trasandino- en apoyo a Paine, quien había recibido amenazas de muerte antes de que le incendiaran su casa.

“Esta fue una protesta pacífica, familiar. Si vinieron mujeres y niños no hubo la menor intención de cometer actos de violencia. La policía vino con todas sus armas, apuntándonos, intentando matarnos. Nos fuimos, y cuando me estaba yendo, una pick-up nos persiguió, nos embistió desde atrás y comenzaron a disparar. Mi sobrino y mi hijo se tiraron al piso para evitar las balas. Una lata de gas lacrimógeno rompió la ventanilla de atrás, ahogándome, tuve que parar. Apenas puse mi pie afuera del vehículo sentí una bala que me golpeó en el muslo izquierdo, luego una segunda en mi espalda. Otra lata de gas me golpeó atrás y me noqueó. Me dispararon a menos de tres metros. Los carabineros me golpearon mientras estaba esposado y me preguntaron quién era. Yo creí que era su objetivo, tenían a su hombre” –nos relató Curamil.

Su sobrino, de 18 años, y su hijo, de 16, fueron arrestados y liberados al día siguiente. Manuela Royo, abogada de Curamil, dijo que los tres entrentan un juicio por desorden público. “El Fiscal está investigando pero hasta hoy ningún carabinero fue imputado” –dijo Royo.

Los médicos quitaron algunos perdigones del cuerpo de Curamil, pero cuatro permanecen en su torso y pierna porque llegaron muy profundo, y hay que intervenirlo quirúrgicamente para lograr extraerlos. El gobierno de Pieñera fue muy criticado por el abuso de armas no letales contra manifestantes, en medio de las protestas por abusos a los derechos humanos durante la revuelta social de 2019. Los perdigones usados contra Curamil son de goma y pueden ser fatales disparados a corta distancia, lo que vulnera las directrices de los fabricantes. El abogado español Baltasar Garzón acusó a Piñera de crímenes de lesa humanidad por esta situación.

La abogada retomó la comunicación: “La violencia y criminalización que sufrió Alberto es vergonzosa y espantosa, pero ya resulta familiar para quienes protegen nuestro planeta, especialmente los indígenas. Cuando acusan a los líderes mapuches de crímenes con causas armadas, la justicia se expide rápido y los encarcelan enseguida. Cuando las víctimas son ellos, todo queda en la impunidad más repugnante”.

Cuando llamamos por teléfono a la fuerza policial chilena, un oficial de Carabineros contestó que el arresto había sido enteramente legal, y nos colgó.

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