Copa América bolsonarista en covidera de oro

Por más que a muchos les puede parecer surrealista, inexplicable, insólito o aberrante, la Conmebol acaba de otorgarle al gobierno brasileño la responsabilidad de organizar la Copa América de fútbol, en un año signado por la pandemia, las muertes, el negacionismo, y acusaciones de genocidio ante cortes internacionales.

Como si no fuera suficiente con la consolidación del VAR –y toda su artificiosa y engañosa maquinaria para favorecer tan alevosa como asquerosamente a los ricos –a los equipos fuertes- (de esos cuyos dueños son jeques o empresarios de guante blanco como Macri), estadíos vacíos y tristes, el obsceno exhibicionismo de estrellas futbolísticas, a quienes sólo les interesan las redes sociales y sus cuentas bancarias, los arbitrajes escandalosos, la abulia de selecciones que juegan peor que amateurs, la búsqueda de récordas absurdos, la lenta agonía del hincha abrumado por la extensa pandemia, la escandalosa última Copa América, también celebrada en Brasil hace apenas 2 años, donde se le tributó admiración y pleitesía al maniático y enajenado presidente brasileño. Como si en Colombia o Argentina –organizadores originales- no estuviesen desplegándose  tragedias sanitarias de dimensiones ingentes. Como si en el resto de los países participantes no hubiera asuntos que resolver mil veces más importantes que la insulsa copa –ahora le dicen Cepa, en honor al coronavirus, dado que se va a desarrollar en el país con más muertos, más contagios, más pobreza, y el de mayor violencia en el continente-, donde se acaba de cometer una masacre horrible en una favela, donde los hospitales se encuentran colapsados y no hay camas para curar a los enfermos. Allí, sin titubear, la archicorrupta Conmebol le concedió la responsabilidad a Brasil, y hasta ahora no ha respondido a los sensatos y sesudos mensajes de figuras que cuestionan que el evento se lleve adelante en medio de tanto caos y descontrol.

Más allá del espantoso escenario extrafutbolístico, lo que es el fútbol en sí, el calendario del deporte que tanto deleitaba con su folklore musical y visual, viene atravesando una decadencia veloz, impulsada por los boicots y las dudas planteadas al próximo campeonato mundial de Qatar –ya no por una cuestión pandémica, sino por el tendal de muertos y esclavizados que vienen dejando con sus negocios infames los jeques organizadores. Con este horizonte, parece otro evento de difícil realización, o al menos, cuando se lo juegue va a ser un mundial completamente desvalorizado, casi tan lúgubre y antifutbolístico como el de cccEstados Unidos. Ahí ocurrió una primera muerte del fútbol, cuando “le cortaron las piernas a Dios”. Ahora Dios está muerto (por supuesto, nos referimos a Diego Armando Maradona), y se extraña su voz que seguramente escupiría rabia e insultos a quienes llevaran adelante esta copa esperpéntica. ¿Ganará el equipo que llegue al final con menos muertos y contagiados? ¿Se impondrá una vez más toda la mafia conmebolera para arreglar los partidos y darle el título a su necesitado amigo Bolsonaro? ¿Quién se hará cargo de hisopados y vacunaciones, de internaciones de urgencia y los cadáveres que pululan por las calles de las ciudades anfitrionas?

Está todo preparado para que la semana que viene comience a rodar la pelota. Por el momento, se juegan las eliminatorias para el bochornoso mundial esperado, y ya se avizora un equipo digno que se ha asegurado el último puesto. Es el siempre frágil y débil equipo incaico, cuyos jugadores están más ocupados en hacer campaña por Keiko Fujimori y rezar para algo tan ridículo como “que no vuelva el comunismo al Perú”. Una vez más las autoridades han reflotado la mística de Sendero Luminoso y han fraguado un atentado atribuyéndoselo a su organización más que extinta. La primera medida del candidato Castillo, en caso de imponerse (seguramente la derecha lo acusará de fraude y dará un golpe al poco tiempo de su mandato) debería ser indultar al profesor Abimael Guzmán, para que él sí encabece una auténtica rebelión que ponga las cosas en su lugar, y convoque a boicotear esta Copa América 2021, que viene más maquiavélica e hipócrita que de costumbre.

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