Prólogo a Rodin en rima

A Kathleen
No puedo dar, ni tú tomar; soporta la simple verdad de mí que es tuya. ¿No es la música mezclada con la forma, cuando todos los cielos rompían en una negra, ciega tormenta? ¿No estamos velados como dioses, y crueles como ellos, golpeando nuestro brillo en la arcilla temblorosa? Nos cubren silencio y oscuridad, confirma nuestro esplendor a su término no señalado: porque todos los hombres homúnculos que danzan alrededor se estremecen ante nuestro brillo. Aquellas marionetas perecen en el gran resplandor bueno, ¡nuestra luz de sol con espadas en el aire sin límites! Estos murciélagos necesitan claustros, estos pájaros domesticados una jaula, ¿cómo podrían conocer a los Maestros de la Edad? ¿o comprender cuando los arcángeles lloran adorándonos, Ellên kat’ asterh ei?

 

traducción: Hugo Müller

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