En una ventana

Denme hambre, oh, ustedes, dioses que se sientan y le dan al mundo sus órdenes, dénme hambre, dolor y necesidad, ciérrenme con verguenza y fracaso desde sus puertas de oro y fama, ¡dénme su hambre más agotadora, la más lamentable!
Pero déjenme un poco de amor, una voz para hablarme al final del día, una mano para que me toque en la oscura habitación, rompiendo la larga soledad. En el crepúsculo de las formas del día, difuminando la puesta de sol, una pequeña estrella errante, occidental, lanzada desde las orillas cambiantes de sombra. Déjenme ir a la ventana, observar allí las formas diurnas del crepúsculo, y esperar y conocer la venida de un pequeño amor.
traducción: Hugo Müller

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