Elegía

Aquí descansa bajo este lugar hospitalario una juventud a pisos y patas no desconocidos. La hermandad de Plymouth se la dio caliente, la trinidad de Cambridge lo reclamó de su propiedad.

Al ajedrez un maestro menor, Hoylake le daba un handicap de 2. El amor lo volvía loco, trescientas mujeres solían llamarlo “mascota”, ¿en otros jardines narciso o margarita? Escaló un montón de montañas en su tiempo. Acechó al tigre, al oso y al elefante. El escribió un puñado de poemas, algunos sublimes, algunos no. Obras, ensayos, cuadros, historias, ¡mi tía! El tenía el don de reírse de sí mismo. Hablaba y conversaba más afablemente con Dios. Y ahora el tonto bastardo sobre el estante, lo enterramos abajo de otro césped.
traductor: Hugo Müller

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