El budista

Nunca hubo un rostro tan bello como el tuyo, un corazón tan sincero, un amor tan puro y entusiasta. Estas cosas permanecen, si algo permanece. Pero, en esta jungla, lo que el

alto cielo nos enmudece en su silencio, el sereno supremo coronando la dagoba, lo que la muerte destinada llama en la mesa, qué dardo sin resistencia me golpeó, te amo, ¡puedes satisfacer el hambre de mi corazón!

No, no en el amor, ni en la fe o la esperanza, está oculta la droga que cura mi vida, sé demasiado bien cómo todas las cosas legales, y todas las cosas prohibidas, igual no revelan ninguna perla sobre el muladar, no ofrecen llave para abrir la puerta del infierno. No hay escape de la ronda eterna, no hay esperanza en el amor, o victoria o arte. ¡No hay línea de plomo lo suficiente larga para sonar en los abismos de mi corazón!

No hay recreos de amanecer, ningún sol penetra su negrura, ninguna luna brilla, ni una estrella. Para su propio horror de sí crea el destino maligno desde todos los destinos benignos, a su propio pesar conduce lejos a su propio ángel. No, ésta es la gran importación de la maldición, que todo el mundo está enfermo, y no una parte. ¡Compartiendo su propio universo el horror de mi corazón!
Ananda Vijha

 

traducción: Hugo Müller

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