Un cumpleaños

Agosto 10, 1911.
Luna llena esta noche ¡y veintiseis años desde que mi luna llena rompió por primera vez las esferas del ángel! Un año de infinito amor inagotable, ninguna estación circulante, ¡sólo perenne primavera! Un año de triunfo pisoteando a través de la derrota, el primero santificado y la última dulce, por este mismo amor, un año de riqueza y lamento, alegría, pobreza, salud, enfermedad, todo brilla uno en la pura luz que llena nuestro firmamento de supremo silencio y extensión  abierta, donde un sacramento era nuestro, un Señor, una resurrección, un coro recurrente, una encarnación, una paloma descendente, todos estos siendo uno, ¡y este uno siendo amor!
Enviaste tu espíritu en tonadas, mi alma anhelaba desplegar su felicidad en mil melodías: no dejé flor sin arrancar que pudiera agraciar tu guirnalda. Puedo alistar tragedia, comedia, farsa, fábula, canción, cada una durando un poco, cada una, una pequeña canción, pero cada una aspirando sólo a expresar tu excelencia y mi falta de mérito, ¡no!, sólo mi valor, desde que fui demasiado sentido y espíritu de aquella misma excelencia.
Entonces resolvimos así el acertijo giratorio de la tierra: yo podría escribir versos y tú podrías tocar el violín, mientras, por el amor, el sol se fue a través de las señales, y ninguna estrella le dijo cómo se entrelaza el amor, una corona para cada decanato, grado, minuto y segundo, vinculado eternamente en cadenas de flores que jamás se desvanecen, cada una tan sempiterna como una estrella.
Dejame regresar a tu último cumpleaños. Entonces yo ya era tu único hombre de los hombres dirigidos a completarte, y cumplir desde la eternidad tu voluntad eterna. Aquella noche de agosto yacimos en la corriente de luz carmesí de mi propio balcón, y conjurando al derecho y al revés creamos todavía otro universo.

Nosotros trabajamos juntos, danzamos, cumplimos ritos y hechizamos, excitando al cielo y apretando al infierno. Vivimos juntos, cada hora de descanso fue endulzada desde tu pecho de lirio tigre. Nosotros, ¡oh, qué permanente duda o temor traicionó mi vida al destino! Nosotros partimos. ¿Tenía miedo yo? Tenía miedo, miedo de vivir mi amor, miedo que tú fueras la serpiente, yo la paloma, temeroso de lo que desconocía. Estoy complacido de toda la vergüenza y desgracia que tenía, desde que aquellas seis semanas me enseñaron a no dudar de tí, y también que no puedo vivir sin tí.
Entonces volví a tí, las traiciones oscuras levantan sus cabezas, odios ciegos, sordas agonías de temor, crueldad, cobardía, falsedad, promesas rotas, el templo ensuciado con insensibles sacrilegios, enfermedad y pobreza, mil males, la malicia concertada de un millón de demonios, tú jamás esquivaste el bulto, tu galeón de alta popa se fue maravillosamente, mayestáticamente navegando con sus velas completas, mientras cada otra barca bravía encallaba sobre las rocas, o se iba a pique en la oscuridad.
Luego la Pascua de Resurrección, ¡y los días de deleite total! El sol de Dios iluminó la marea del mediodía y su luna de medianoche, mientras sobre todo, verdadero centro de nuestro mundo, la verdadera fuente de luz, nuestro gran amor perlado de pasión, dio toda su vida y esplendor al mar, sobre cuyas olas se paró nuestra estabilidad.
Entonces, de pronto y feroz, sin gemido de vigilancia, golpeó la loca trastada del gran ciclón. ¡Cuán lejos debajo de nosotros enrolló toda su furia! ¡cuán vanamente el sulfuro intentó empañar el oro! Vivimos juntos: ¡toda su malicia sólo significó la libertad de un continente!
Eran el bosque y el río que sabían el hecho de que uno y uno no hacen dos. Nosotros trabajamos, caminamos, dormimos, estuvimos cómodos, lloramos, peleamos, todas las rocas y árboles a treinta kilómetros podrían contar cómo jugaron los amantes, y podíamos contar un beso por cada calvero. ¿Preocupación, hambre, enfermedad y malestar? Cada momento era una mina de felicidad. Entonces nos cansamos de ser ratones del país, vinimos a Paris, vivimos nuestro sacrificio allí, dando fresas sagradas a la luna, la acción de gracias de julio por las alegrías de junio.

Y tú te has ido, ¿y cómo haré que agosto cante los frenesíes de julio? Y tú te has ido, ¿qué estrella maligna te hizo tan competente y popular? ¿Cómo he levantado esta vieja arpía de la malicia del infierno, que tú eres deseada en alguna otra parte? Desearía que fueses como yo, un hombre prohibido, vedado, descastado, la bella sociedad bien se desharía del par de nosotros, entonces, ¿quién interferiría por nosotros? Mi cariño, ¡ahora deberías estar aquí! ¡
¡Pero no! Debemos seguir luchando, triunfando, teniendo éxito, ganando la alabanza envidiosa que nunca llega a gratificación, encerrar perros en la perrera, entrampar serpientes, poner un poco en las bocas de las mulas que tienen tanta necesidad de ello, hasta que el mundo donde hay tanto que perdonar adentro se torne un poco más posible de vivir

Sólo Dios sabe si batallar o rendirse es el verdadero coraje, tampoco tiene su esplendor. Pero desde que elegimos lo primero, Dios ayuda al justo, ¡y que me condene si fallo en la lucha! Dios reúne de nuevo los caminos que están apartados, ¡y bendice el amor de corazón fiel a corazón! Dios nos conserva a cada hora en cada pensamiento, ¡y trae la nave de nuestro amor a puerto!
Estos son mis deseos de cumpleaños. El amanecer está a mano, y tú eres un exiliado en una tierra solitaria. ¿Pero qué sería la magia si no pudiera darle a mi pensamiento vitalidad suficiente para vivir? ¡No sueñes entonces que esta noche ha sido una pérdida! He colgado toda la noche, un dios, sobre la cruz, toda la noche he ofrecido incienso al santuario, toda la noche has sido inefablemente mía, más mía en la memoria de la primera hora salvaje, cuando mi rudo agarre destrozó la flor indispuesta de tu jardín cerrado, mía en cada humor, en cada tiempo, en cada actitud, en cada posibilidad, aún mía mientras la pompa y desfile del sol, signo a signo, procedió firmemente, mía no sólo así, en el encanto de la memoria y el brillo austral de ardor, aunque por la imagen de mi semblante más fuerte que el sentido, aún tú estás aquí y ahora más mía, absolutamente mía,  mi hermana y mi esposa, madre de mis hijos, ¡amante de mi vida!
¡Oh, cisne salvaje, aleteando a través de la niebla de la mañana! Los miles, miles de besos que nos besamos, el mecanismo infinito que ideó nuestro amor, si en alguna ocasión su verdadero poder fuera sorprendido, ¿serían todos pasado?, ¿han de venir? Creéme, no hay partida, jamás podrán dejarme. Te he construido en mi corazón y cerebro tan rápido que jamás podremos separarnos nuevamente. ¿Por qué te cantaría estos fantásticos salmos durante todo el tiempo que te tuve en mis brazos? ¿Por qué? Es el murmullo de nuestro amor que hincha los ditirambos de la tierra y los oráculos del océano.
Pero éste es el amanecer, mi alma hará su nido cuando tus suspiros se balanceen del éxtasis al descanso del incensario del amor, tu pecho de lirio tigre.
traducción: Hugo Müller

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