Tonto

Gabriel susurró en mi oído su arcangélica poesía. ¿Cómo puedo escribir? Yo sólo oigo el sollozante murmullo del mar.

Rafael respiró y me pidió que pasara su evangelio arrebatado a la humanidad, ¡no puedo siquiera equipararlo, compañeros! El ulular del viento.

Los gruesos dioses grises escupen como górgolas sobre cada cabeza sagrada de poeta, sin semilla de mostaza de verdad o ingenio, en aquellos malditos surcos, ¡rápidos o muertos!
Un diezmo de lo que sé limpiaría la lepra de la tierra, y yo, mis límites son como los de otros hombres. Debo vivir tonto, ¡y tonto debo morir!

 

traducción: Hugo Müller

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