Talibanes se declaran ganadores de la guerra en Afganistán

La alegría del talibán es un indicio fuertísimo. Desde el reciente discurso belicoso de su diputado líder, alardeando de “conquistas”, y burlándose de los “amos extranjeros” del gobierno “ilegítimo” de Kabul, al propio recuento del sitio web El Talibán antiimperialista de los “títeres” –soldados afganos- asesinados por su fuerzas, donde se promueve un desafiante mensaje: “Ya hemos ganado la guerra”.

Y esta afirmación, basada en una realidad política y militar, está modelando el volátil presente afgano. Más allá de las conversaciones sobre el futuro del país que se desarrollarán en Turquía, está el elefante en la habitación: la verdad medio conocida de que el talibán ha alzado la mano superior, mostrando así poco interés en comprometerse, o ir con la idea dominante de los yanquis, de compartir el poder.

Si bien la retórica actual del talibán también es propaganda, la oscura idea de una supremacía talibán está dictando la respuesta de un gobierno afgano desesperado y está influenciando a los ansiosos interlocutores que han de participar de los conversatorios. Ha contribuido al abandono de docenas de campamentos y puestos militares, y a una precipitada caída de la moral en las fuerzas de seguridad afganas, ya golpeadas por una tasa de heridos insostenible de 3.000 por mes, tal como reportó un diplomático estadounidense en Kabul.

El grupo no esconde su orgullo de haber resistido a su principal adversario durante veinte años, y ha logrado firmar un acuerdo que contempla el retiro completo de tropas estadounidenses de Afganistán para el próximo 1 de mayo. A cambio, los talibanes aceptaron suspender sus ataques a fuerzas extranjeras y a cortar lazos con terroristas internacionales como al-Qaeda. La administración Biden aún no se comprometió a cumplir la retirada.

El diputado Sirajuddin Haqqani, dijo: “Ningún talibán pensó que un día íbamos a tener un estado tan mejorado, o que aplastaríamos la arrogancia de los rebeldes emperadores, y forzarlos a admitir su derrota en nuestras manos. Afortunadamente, hoy, nosotros y ustedes estamos experimentando mejores circunstancias”.

Todos los días, el sitio web talibán publica informes de deserciones de soldados afganos que se pasan a su causa, haciendo lo contrario –infructuosamente- el gobierno afgano, ya que pocos creen que es preferible abrazar, hoy por hoy, el “american way of life”, y dejar atrás hermosas tradiciones y hábitos austeros.

Game over

Habiendo superado a los todopoderosos yanquis, el resto es juego de niños, en la perspectiva talibán. El juego esencialmente se ha acabado. “Ellos piensan que les han ganado a los estadounidenses, y que pueden vencer igual a fuerzas afganas, y tomar el control del país” dijo Jawed Kohistani, analista afgano y patovica de embajadas occidentales.

Al talibán, que gobernó la maor parte del país en el período 1996-2001, no le interesa compartir el poder. Kohistani añadió: “Están planeando restaurar su Emirato Islámico, y castigarán a todos los involucrados en actos de corrupción y acaparamiento de tierras para cultivar amapola”.

No todos los analistas coinciden con esta apreciación. Muchos creen que los talibanes se conforman con ser la fuerza dominante. Con el cambio decisivo en su fortuna militar, sus palabras ahora son asertivas y victoriosas, una postura impensable hace tres años. El corolario de esta postura es la insistencia del gobierno afgano de esperar un fin de juego mortal con la insurgencia. Sus sistemáticos asaltos a pueblos indefensos y desolados, al igual que a grandes ciudades, les han traído beneficios. Y tienen aparatos de comunicación y métodos de persuasión mucho más convincente que las redes sociales convencionales con las que se manejan los “títeres” puestos por europeos y yanquis, como el actual Ashraf Ghani.

Caballo de Troya

En cambio, el gobierno, con menos credibilidad que la OMS en su informe sobre el coronavirus, emplea un lenguaje similar para indicar que la sangrienta lucha se intensificará. La reciente proposición de Zalmay Khalizad, enviado de paz yanqui, va a ser usada por los talibanes como un “Caballo de Troya” para tomar el poder.

“Conociendo la psicología de los insurgentes, es completamente imposible que acepten un gobierno compartido. “Yo no prometo una mejor situación en el futuro, pero vamos a seguir luchando” aseveró Ghani, no sin cierto pesimismo, agregando. “En su visión escatológica, Afganistán es el lugar donde se ha de librar la batalla final: esperamos lo mejor pero nos preparamos para lo peor”.

La mirada preocupada de la administración Ghani refleja los últimos avances territoriales del talibán, sobre todo en su bastión de Kandahar. “Claramente ganaron los talibanes, y las últimas escaramuzas se resolvieron a su favor” admitió un portavoz del presidente. .

Igualmente, los talibanes no son los únicos actores armados en la región. Cunden otros “señores de la guerra”, con comandos mercenarios que les han dado unos cuantos dolores de cabezas a ambos bandos. Hay una milicia en el centro de Afganistán, liderada por Abdul Ghani Alipur, que combatió exitosamente contra ambos rivales.

Entretanto, los talibanes confían en el temor para mantener inactiva sa las poblaciones de las zonas rurales. Una herramienta eficaz para ello es su red oculta de de cárceles subterráneas ad hoc donde se imponen torturas y castigos a los sospechosos de trabajar para o con el gobierno.

Corrupción

Pero los talibanes son vistos también como menos corruptos que los funcionarios del gobierno. Sus jueces resuelven disputas civiles y de propiedad con mayor eficiencia que las enclenques instituciones gubernamentales. En algunas zonas bajo se un control, han permitido que las escuelas para niñas continúen funcionando, aunque algunos consideran que lo hacen por conveniencia política más que por moderación ideológica.

De uno u otro modo, el mensaje talibán ha penetrado en las filas populares, y se ha cimentado en sus golpes heroicos contra las fuerzas estadounidenses, que se creían “intocables. Muslim Mohabat, un combatiente que luchó en el distrito de Watapor en Kunar, nos contó: “Decían que si le disparabas a un soldado yanqui enseguida caería una bomba encima de tí, pero nosotros los atacamos y no ocurrió nada, pudimos descuartizarlos, despellejarlos y quedarnos con sus pertenencias sin problema alguno. Al final los forzamos a irse del valle. Nuestro progreso conducirá al fin del gobierno de Kabul. Nunca estuvimos tan fuertes. ¡Que viva el talibán, y que mueran los soldados extranjeros!

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